Norma Editorial y Sugaru Miaki nos acercan Tres días de felicidad, una obra en la que se muestra cómo todos podemos hacer que cada día merezca la pena.

Siempre se dice que la vida no tiene precio. Una afirmación ni comprobada ni testada científicamente, pero que nadie pone en duda. Reunirse con la familia, salir con amigos, descubrir sitios y culturas desconocidos, disfrutar del aire fresco o de la lluvia sobre nuestro rostro, o simplemente regocijarse en el silencio y la quietud de nuestra habitación son algunos de esos placeres que hacen que cada segundo de nuestras vidas merezca la pena. Pero es difícil darse cuenta de esos pequeños y breves momentos de felicidad cuando tus expectativas para la vida son muy superiores a tus opciones reales, algo que muy a menudo lleva a la frustración, a la amargura y, en definitiva, a llevar una existencia infeliz e insatisfecha. Hoy aprovechamos para adentrarnos en la obra de un autor que ha sabido explorar y expresar esa frustración y esa búsqueda de la felicidad a través de una obra de ficción que, a pesar de que su desenlace se conoce desde las primeras páginas, invita a los lectores a adentrarse en un viaje lleno de esperanzas, ilusiones e intenciones de futuro. Una historia que demuestra que nada está perdido hasta que nosotros mismos nos damos por vencidos y lo decidimos. Una novela que pone de manifiesto que cualquier excusa o motivo son buenos para disfrutar de la vida y que hay que aprovecharla al máximo hasta nuestro último suspiro. Un volumen con el que es fácil dejarse llevar y que subraya, sobre todas las cosas, que la capacidad de ser sociables y de empatizar son dos de las mayores virtudes del ser humano. Hoy nos adentramos de lleno en Tres días de felicidad, de Sugaru Miaki.

“Por insustancial que sea la vida de uno, siempre te acabas aferrando a la posibilidad, por remota que sea, de que la felicidad llamará a tu puerta para compensar todas las desgracias pasadas”

Tres días de felicidad

Cuando estaba en el colegio, Kusunoki se creía alguien superior, un estudiante por encima de la media debido a sus conocimientos y a su concepción de sí mismo. Una idea que le apartaba de sus compañeros, a quienes consideraba inferiores, salvo en el caso de Himeno, una compañera de clase con la misma prepotencia y soberbia que el chico. Su inteligencia y su sobreestima les llevó a pensar que, a la edad de 20 años, habrían alcanzado el éxito, haciendo que su mera existencia valiese millones.

Sin embargo, la cruel realidad hace que, a sus 20 años, Kusunoki sea un estudiante universitario con un trabajo de medio tiempo que le permite malvivir en un apartamento alquilado. Dándose cuenta de que sus aspiraciones en la vida eran demasiado irreales para él, quien se ha convertido en una persona del montón y bastante mediocre, decide vender algunas de sus propiedades para sacarse un dinerillo extra con el que llegar a fin de mes. Es así como conoce la existencia de un lugar en el que compran vida, tiempo o salud a aquellos que estén dispuestos a cederlos en una transacción cuyo importe es variable en función del valor de la persona. Sin tener muy claro lo que está haciendo, Kusunoki decide vender el resto de su vida, salvo tres meses, por un importe ínfimo según sus expectativas: 300.000 yenes. Al día siguiente, en la puerta de su apartamento aparece Miyagi, la supervisora encargada de vigilar sus últimos meses de vida. Pero, cuando ya no tienes esperanza ni objetivos en la vida, ¿cómo haces para seguir adelante y encontrarle sentido a tu existencia?

Tres días de felicidad (Mikkakan no Koufuku) es una novela escrita por Sugaru Miaki, con ilustraciones de E9L en la que el drama y el romance se entremezclan para crear un slice of life de lo más peculiar y hermoso en el que el aura de la muerte esta siempre presente. La novela fue publicada en 2013 por ASCII Media Works.

Sobre el autor

Sugaru Miaki comenzó su andadura en 2013 con las novelas Tres días de felicidad (Mikkakan no Koufuku) y Starting Over, ambas publicadas por ASCII Media Works. A estas le siguió en 2014 el título Itai no Itai no, Tonde Yuke. En 2015 vieron la luz Boku ga Denwa o Kakete Ita Basho y Kimi ga Denwa o Kakete Ita Basho, a las que siguieron en 2016 las novelas Azure and Claude y Koi suru Kiseichuu y los mangas Aozora to Kumorizora (realizado junto a loundraw y publicado en Pixiv y por Kadokawa, 2 volúmenes y pausado) y Jumyou wo Kaitotte Moratta. Ichinen ni Tsuki, Ichimanen de. (realizado junto a Shouichi Taguchi, 3 volúmenes). En 2018 se puso al frente de la novela Kimi no Hanashi (junto a Mayumi Konno) y el manga Koi suru Kiseichuu (junto a Yuuki Hotate, 3 volúmenes).

Edición de Tres días de felicidad (novela) por Norma Editorial

Tres días de felicidad se presenta ante los lectores en una edición muy sencilla que expone de manera clara el contenido principal de la obra, es decir, los capítulos que la componen. Así pues, se trata de una obra compuesta por un índice, quince capítulos en los que se narra la obra en primera persona y un epílogo. El volumen cuenta con un total de 192 páginas y dos a color y ha sido editado en formato rústica con solapas, con un tamaño de 14,8 x 21 cm. y un precio de 19 euros.

En lo que se refiere a la traducción, esta la firma Judith Zamora, quien ha realizado un trabajo espléndido no solo de traducción, sino de adecuación y adaptación de los textos al castellano, de tal manera que no se pierda la esencia de la narración original para que esta causa el mayor impacto en el lector gracias a su dramatismo y a sus giros. Una obra que es muy fácil de seguir gracias a estructuras sencillas y un vocabulario accesible, lo que agiliza la lectura y su comprensión en todos los sentidos.

Valoración personal

No cabe duda de que Norma Editorial tiene muy buen criterio para elegir las obras que publica y, en el caso de las novelas ligeras, no iba a ser diferente. Con Tres días de felicidad nos presenta una obra en la que se muestra una historia de hastío, desgana y abandono completo de la necesidad de vivir encarnados en un personaje cuya base resulta poco atrayente. Sin embargo, conforme avanza la historia, el lector va empatizando poco a poco con los personajes, quienes van recuperando esa humanidad y ese deseo por vivir nuevas experiencias y un nuevo día que los hace mucho más cercanos. Una capacidad de dejarse asombrar, de dejarse conocer y, en definitiva, de querer vivir una vida llena de expectativas y sueños que ya quedan lejos de su alcance, pero que los hace muy humanos. Es así como el propio lector también llega a preguntarse qué es realmente la vida, en qué consiste la felicidad o dónde radica esta y cómo queremos afrontar cada nuevo día y el futuro.

En el epílogo final el autor asegura que su intención al escribir esta novela era mostrar su idea de que los idiotas que sólo saben crear un infierno en el que vivir y compadecerse de su miserable situación son capaces de cambiar y volverse positivos sólo cuando saben que están a punto de morir. Ese era su objetivo principal. Sin embargo, y a pesar de que niegue que haya querido plasmar cualquier otra idea optimista, resulta imposible no entender Tres días de felicidad como una oda al valor de la vida, a esa creencia de que todos podemos cambiar para mejor y de que lo que realmente importa en la vida son las personas, los momentos que compartimos con ellas y cómo nos sentimos y las hacemos sentir, mucho más que las posesiones o cualquier producto material sea cual sea su naturaleza.

En cuanto a la historia, esta cuenta con una narrativa fluida que en ocasiones puede resultar algo repetitiva. Sin embargo, es esa peculiaridad de la repetición la que hace mayor hincapié en el estado de soledad de los personajes, la que pone de relieve lo erróneo de sus creencias o deseos, que resultan ser una farsa que en su cabeza se habían convertido en anhelos apreciados por él mismo. Un recurso literario que no hace sino incidir en la vida miserable de Kusunoki y que hace ver que, a pesar de todo lo que él creía de sí mismo, en realidad siempre ha sido un alma solitaria que no ha sabido encajar en una sociedad que ha seguido avanzando sin él.

Si nos centramos en los personajes, Kusunoki es el típico protagonista que ha asumido a regañadientes su situación y su futuro, incluida su próximo fallecimiento. Sin embargo, y a pesar d elo mucho que le cuesta, consigue sacar fuerzas de flaqueza para hacer algo útil en sus últimos días, al menos algo con lo que él se sienta a gusto y no le deje remordimientos cuando llegue su final. Entre cervezas, cigarrillos y grullas de origami, Kusunoki se va dejando conocer y va dejando que le conozcan, invitando poco a poco a Miyagi y a los lectores a formar parte de su círculo más íntimo, a vivir cada día como si fuese el último, a ser partícipe de su dolor, de sus decepciones, de sus arranques de ira o de sus breves momentos de relajación y alegría, sintiendo que así es como todo está bien, sin dobles intenciones ni velos que oculten su fachada. Un chico que poco a poco va rompiendo ese muro de altivez que había construido de pequeño y que le ocultaba del mundo para dejarse ver como es en realidad y sin importarle lo que los demás puedan pensar de él.

Por otro lado está Miyagi, una chica con una misión clara que sabe que Kusunoki es trabajo, un cliente más al que debe vigilar durante tres meses antes de pasar a controlar los últimos días de vida de una persona diferente. Sin embargo, no puede evitar sentir cierta empatía por él o, al menos, una curiosidad que la lleva a prestarle más atención de la necesaria o a revelarle más información de la debida, haciéndose vulnerable a sus ojos. Un ser tan solitario como Kusunoki que nunca ha sabido lo que es la felicidad de hacer algo por voluntad propia, de estar con alguien por capricho, de ir a algún sitio concreto por capricho o de vivir y disfrutar su existencia. Un alma igualmente condenada a estar al servicio de los demás y ponerse en valor a sí misma, algo que cambia cuando conoce a Kusunoki.

Juntos, los dos personajes crean una atmósfera un tanto viciada al principio que lentamente se va relajando, haciendo que tanto ellos como el lector se sientan a gusto en la compañía del otro, creando un universo alejado de ojos indiscretos en le que sólo importan ellos dos, sus conversaciones o sus planes para el día siguiente. Dos personajes que se abren y aprenden a dejarse conocer y llevar por lo que les dicta el corazón y que terminan disfrutando de esa espontaneidad y ligereza que ahora sienten en sí mismos. Dos personajes muy similares que acaban complementándose y formando un uno con el que resulta fácil dejarse ir.

Tres días de felicidad es una novela que no deja indiferente a nadie y que se lee con mucha soltura gracias a su narrativa fluida y su acertada traducción. Una historia en la que no importa tanto el valor de nuestra vida, sino los actos y decisiones que adoptamos y con los que hacemos que las vidas de los que nos rodean valgan realmente la pena. Una obra que llega al corazón y que nos hace pensar si estaremos haciendo bien las cosas, si es necesario obcecarse con ideas o sueños imposibles, si es inteligente encerrarnos en nosotros mismos y aislarnos de una sociedad en la que no sabemos encajar… O si simplemente hay que dejarse llevar por los momentos y las personas que nos rodean para encontrar en cada segundo de nuestra vida la felicidad que tanto ansiamos alcanzar.