Toki

Hay veces en las que una ya no sabe si algunos juegos hubiesen necesitado un mejor diseñador o si sus creadores soñaban con mostrar mundos surrealistas a toda cosa. ¿Qué pinta un astronauta al que se le caen los ojos en un juego de monos? ¿Y espermatozoides verdes volando en el interior de una cueva? Un mamut de porcelana, también en tono verdoso, parece competir por ver quién es más raro contra un cuerpo invisible, constituido únicamente por corazón, pies y manos.

Vale que un villano transforme a un hombre en un mono y secuestre a su amada. También se supone que el amor puede con todo y que, por ello, no le cuesta ni dos segundos dominar todas las técnicas del animal: saltar, nadar, trepar y escupir. Y por supuesto se puede aceptar que no pierda la sonrisa, aún sin saber si volverá a recuperar su aspecto de humano (hay gente optimista por el mundo). ¿Pero a qué miércoles viene una mutación entre demonio y unicornio con cabeza extensible como jefe final de Toki?

Con tanto personaje suelto, ya resulta hasta raro encontrar murciélagos, mariposas, plantas carnívoras, dragones, peces o fantasmas entre el catálogo de enemigos. Los ornitorrincos también aparecen a raudales, por si alguien está interesado en estos fascinantes animales más allá de la saga Deponia…

 

Un sabio consejo final

Toki es un juego de plataformas (y solo de plataformas) aparecido en 1989 en recreativas. Desarrollado por TAD Corporation, contó con versiones para NES y Sega Mega Drive, entre otras plataformas. La primera tenía más colorido, pero peores gráficos. En la segunda todo era más nítido. Tanto que hasta el mismo protagonista podía dar bastante grima. En ambas, el jugador se pone en la piel del humano convertido en simio, con la misión de rescatar a su chica rubia, recorriendo un total de seis escenarios.

Toki NES

Estos pasan por un laberinto, un bonito lago, una selva oscura y el clásico castillo. Aunque lo mejor era ver como el protagonista pasaba de una cueva, definida como “la caverna del fuego”, a un paraje completamente helado. En ese momento, los jugadores podían comprobar como, si el mono era capaz de pasar de una a otra sin coger unas anginas, no le supondría ningún esfuerzo extra rescatar a Miho, que por cierto, es el nombre de la mujer.

Por norma general, en los juegos de plataformas (y probablemente en todos los géneros) hay dos formas de acabar con los enemigos: saltando encima de ellos o disparándoles. Algunos incluyen las dos opciones, como es el caso de Toki. Es por ello que no estamos ante una apuesta complicada. Si a esto le sumamos que en todo momento sabemos cuál es el camino correcto para llegar al final y que las vidas no escasean, podemos considerar a Toki una aventura entretenida, más que un reto en sí, en la que disfrutar con las sorpresas de cada escenario y de las batallas contra jefes finales. Los cascos de fútbol americano que aparecen de vez en cuando permiten, además, unos golpes adicionales hacia el mono sin que este sufra ningún daño.

Además, no todos los juegos se caracterizan por dar consejos al jugador una vez terminada la partida. Y Toki premió a sus seguidores con unas sabias palabras: “Ahora que tu misión como héroe dentro del juego ha sido completada, estás completamente preparado para enfrentarte a tu vida como humano, aplicando lo mejor de las experiencias vividas en el juego”. Dicho y hecho. Cada vez que no sepamos de dónde sacar el dinero del alquiler o cómo explicarle ese problemilla al jefe, podemos recordar a nuestro querido mono, que todo lo solucionaba escupiendo bolas de fuego.

 

Para escupir no hace falta moverse

Toki permitió, a todos sus jugadores, aplicar la ley del mínimo esfuerzo. ¿Si puedo hacer algo sin moverme, para qué moverme? Tras una larga caminata por cada uno de los escenarios del juego haciendo frente a pesadas criaturas (algunas aparecían de la nada a la velocidad de la luz), el monete merecía un descanso. Pero tras llegar a la meta habiendo buscado llaves, surcado ríos y atravesadas montañas, aún quedaba un jefe final. Y recordemos que encima era raro.

Toki Sega

Para acabar con todos ellos era necesario dispararles un determinado número de veces. Podíamos saltar, meternos por debajo e intentar atacar por la espalda. Pero nada como quedarse en una esquina, machacando el botón de disparar y ver como el simio escupía una docena de bolas de fuego por segundo.

Y como buen clásico de plataformas, no faltan los trampolines, los niveles movedizos ni las lianas sobre las que agarrarse. Todo eso también conlleva un esfuerzo, por lo que buena parte del escenario final es recorrido en monopatín, no fuera a ser que se le acabasen las fuerzas cuando estuviese a punto de llegar al final. Todo el recorrido, casi de principio a fin, está plagado de frutas (sí, plátanos también), pensados para aumentar la puntuación final, además de vidas y objetos variados. Con ellos, se puede aumentar la potencia de los escupitajos de fuego, su velocidad y el número de bolas que salen por la boca, aunque solo durante un tiempo limitado.

Bien podíamos decir que Toki guardaría muchas semajanzas con la saga Donkey Kong Land, principalmente por el aspecto de sus protagonistas. Sin embargo, en cuanto a jugabilidad y estética comparte más parecido con el clásico Ducktales o con El Libro de la Selva. El primero viene a la cabeza al observar las paredes, las decoraciones de fondo, las enredaderas por las que trepar o al acabar con los enemigos que cuelgan de un hilo. Por su parte, con el juego de El Libro de la Selva comparte la manera de disparar y, por lo tanto, de resolver cualquier dificultad, además de un ambiente muy parecido.

Esta aventura pudo marcar el inicio de muchos jugadores o convertirse en inolvidable para muchos otros amantes del género. Sin embargo, cuando alguien nos pregunta quién es el mono más querido/popular de la historia de los videojuegos, Donkey y Diddy se llevan el puesto de honor.

¿Será causa de que el protagonista de Toki es considerado como un humano realmente? ¿O será que un único, sencillo y corto juego no fue suficiente para enamorar, de por vida, a millones de jugadores? Todo indica a que es la segunda opción. Es más, el mono pixelado permitió que hasta al oir su nombre nos venga a la cabeza un popular pollo amarillo, que se adueñó de parte de su nombre. Así, siempre podemos recordar al simio con cierto cariño, pero la escena final repleta de corazoncitos junto a su novia y su “remake” impiden que el amor vaya a más…