Barbie Game Girl

¡Bien taloniano! Formas parte de una inmensa minoría seleccionada de otro grupo aún más reducido que ha decidido empezar a leer Retromanía de esta semana tras ver la imagen principal, protagonizada por Barbie. Puede deberse a que quizás jugases el juego durante tu infancia (a escondidas del resto de la sociedad) o a que sientes curiosidad por saber qué hace un título protagonizado por la muñeca rubia en esta sección.

Pues bien, la respuesta es sencilla. Barbie Game Girl fue un juego de plataformas, en el que no faltaron los disparos, las transformaciones, los enemigos, las muertes, los jefes finales, la exploración ni los puzles. Su jugabilidad está a la altura del resto de aventuras del género y su estética no solo reflejaba las inquietudes entre las niñas. Eso sí, si queréis seguir leyendo debéis saber antes toda la verdad, es decir, el objetivo de todo el juego. Barbie debía prepararse para una romántica cena, con baile incluido, con su querido Ken, por lo que se embarcaba en la tarea de encontrar los mejores complementos en el centro comercial.

No se puede negar que esta misión no era la más atractiva del mundo, pero tampoco hay que olvidar que buena parte de los títulos protagonistas de anteriores Retromanía tenían como objetivo rescatar a sus amadas, con cursis escenas repletas de besos, abrazos y corazones. Así que, cada vez que pensemos en Barbie tratando de encontrar el mejor collar, recordemos que se enfrentó a tiburones y a submarinistas por ellos. ¡E incluso a envases de patatas fritas!

 

¡Oh no!, la ‘Barbie torpe’

Barbie Game Girl fue un juego exclusivo para Game Boy, que vio la luz en 1992. Presentado como un juego de plataformas en dos dimensiones, el jugador se ponía en la piel de Barbie, que iniciaba su aventura por el centro comercial. En total, tendría que recorrer siete escenarios diferentes que harían alusión a los pasillos, a una tienda de música, a una cafetería, a un almacén de maniquíes o a un local de juguetes. También aparecerían dos escenarios marítimos en los que se convertía en sirena y a los que una servidora aún no le ha encontrado relación alguna con el centro comercial (no, no eran peceras de la tienda de animales).

Barbie Game Girl game boy

El primero de ellos era el mismo centro comercial y serviría para aprender a manejar a la muñeca y para descubrir los peligros de esta aventura de avance lateral. Esta podía moverse, saltar (sin torcerse un tobillo con los tacones) y disparar. Los disparos eran muy limitados y se podían conseguir de tres maneras: mediante objetos bonus generalmente en forma de pastelillo y matando enemigos. Y a su vez, para acabar con ellos eran necesarios dos disparos más (uno para paralizarles y otro para que desaparecieran, transformándose en estrellas y, con ello, en más disparos).

La tercera forma era saltar sobre otros disparos, pero solo en el aire y con su segunda o tercera transformación. ¡Casi nada! Por cierto, se presentaban en forma de gemas. Es por ello que, si queríamos conseguir una buena cantidad de puntos matando a diestro y siniestro, más nos valía administrar bien los disparos y tratar de no perder la segunda o la tercera transformación.

Estas llegaban al conseguir un corazón gigante o un relámpago, respectivamente. La última tenía una duración limitada y funcionaba a modo de estrella en Super Mario. La otra duraba hasta que recibiésemos un golpe y permitía acabar con los enemigos de una forma más sencilla y realizar una voltereta para saltar mejor. Barbie se había peinado con una coleta y había cambiado de vestuario, por lo que ya estaba en condiciones de volverse más atlética.

Barbie Game Girl retromania

La parte negativa de todo esto es que, si ya habíamos probado a las dos super Barbies, sería muy duro volver a la primera. A la ‘Barbie torpe’ que apenas podía saltar y que se movía con gran dificultad. A aquella capaz de provocarnos la misma depresión que hoy en día nos causaría el final del Super Calamar en Splatoon.

 

¿Dónde están los puzles?

Habíamos quedado en que Barbie Game Girl era un juego de plataformas de avance lateral, en el que derrotar a numerosas criaturas. Pues bien, hasta aquí todos de acuerdo. ¿Pero qué ocurre con su vinculación con el género puzles? Entre escenario y escenario, el jugador podía encontrar un minijuego, más concretamente el de las parejas. Este contaba con un determinado número de intentos para levantar casillas de dos en dos, con la intención de emparejar las iguales. Si no lo conseguía, podría volver a intentarlo al final del siguiente escenario.

Una vez dominado no suponía ninguna dificultad. Es más, sus desarrolladores no parecían confiar mucho en nuestras capacidades de memoria, porque crearon muy pocos juegos y, una vez completados, nos quedaríamos sin aliciente durante todo el juego. Sin embargo, los puzles también están presentes en el interior del juego para acceder a distintos lugares colocando paquetes de una determinada manera. O buscando la puerta correcta entre los maniquíes tratando de no retroceder. Es más, al finalizar el penúltimo escenario no encontramos un jefe final, sino un reto con monedas.

Hablando de jefes finales, esta aventura cuenta con uno: una gigantesca medusa. Como no podía ser de otra manera, se puede acabar con ella a base de disparos, aunque solo a cierta distancia. Solo así podríamos salvar al rey y a la reina cangrejos, para que volviesen a ocupar sus correspondientes tronos. Una vez más, los cangrejos poco tienen que ver con los complementos y con el centro comercial, pero sirven para proporcionar una experiencia más completa (y para que hoy podamos decir que no solo fue un juego de niñas).

 

Un refresco, un helicóptero y un tiburón

Uno de los mayores atractivos de Barbie Game Girl fueron los pequeños enemigos. Estos pasaban de hambrientos tiburones, submarinistas y tablas mal sujetas en los escenarios acuáticos a refrescos gigantes con muchas burbujas y patatas fritas asesinas en la cafetería. En función de la temática del escenario, aparecían unos u otros. Así, en la juguetería no faltaron los helicópteros ni las pelotas de goma, mientras que en la tienda de discos hicieron su aparición las notas musicales con mala leche. Las pelucas asesinas de la última habitación despedirían la aventura para dar paso a la escena final.

A este “poquito de cada” hay que añadirle la habilidad como recurso para completar el juego. Algunos escenarios, sobre todo la juguetería y la tienda de discos, requerían de una habilidad mayor, ya que las plataformas sobre las que había que pisar eran movedizas o bien desaparecían a los pocos segundos.

Con todo esto, Barbie Game Girl no puede pasar al olvido. Su estética en blanco y negro quizás fue una ventaja en este caso para quienes solo querían centrarse en su jugabilidad y para aquellos que preferían los corazones negros a los rosas. Con ella, no fue un juego más cursi que uno de rescate de princesas, al igual que tampoco fue menos intenso que otro de su época. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!