Wario's Woods

Hay personajes a los que no les vendría mal saber que aparecer mucho en un videojuego que lleva su título no les convierte en engreídos. Es más, es su momento para lucirse a lo grande y hacer gala de su fuerza, velocidad o inteligencia. Wario tuvo su mejor momento en la saga Wario Land. Sin embargo, desaprovechó una ocasión de oro en Wario’s Woods.

¿Por qué protagonizó la portada de este juego de puzles y le dio su nombre si luego solo aparecía como ultimísimo jefe final? Tal vez pensase que haciéndose de rogar iba a ganar un mayor atractivo o estaba más feliz descansando en su casa hasta que le llegase el turno de competir. Ya vimos una situación parecida en Yoshi’s Cookie, título en el que su compañero de aventuras aparentemente sería el protagonista, pero que contó con la casi exclusiva aparición de Mario. ¿Una moda de la época?

 

Los enemigos más educados de la historia

No está bien comenzar a juzgar un juego por la actitud de su protagonista. Así que, dejemos en que su casi nula aparición se debió a una estrategia de Nintendo en sus juegos de lógica. A cambio, sí que es importante resaltar la buena actitud de los enemigos de Wario’s Wood. “Hola, mi nombre es X y voy a intentar derrotarte. Quiero saber cuál es tu estilo. Me he estado entrenando y mis puntos fuertes son tal y tal”. Es posible encontrar enemigos y jefes finales que se presentan antes de batirse en duelo, como si se tratara de entrenadores Pokémon, pero no es algo muy frecuente. Pero un poco de educación nunca viene mal antes de iniciar una pelea.

Warios Woods SNES

Pues bien, este es uno de esos juegos en el que los jefes se presentan. Estos pasan por caballeros, rocas parlanchinas, bufones, calabazas con peto, vikingos peludos, loros bizcos, sirenas, fantasmas con boina, bebés dragones, gigantes, brujas, duendes o conejos. Cada uno de ellos tiene un nombre y, además de presentarse, exponen sus cualidades o la razón por la que quieren enfrentarse. Además, los más avanzados informan de cuántos más quedan para llegar a Wario, el gran jefe final. Este también se presentaba cordialmente y tras contarnos que estaba ansioso y soltar alguna que otra amenaza, se iniciaba el combate final.

Pero ahora es necesario rebobinar para saber en qué consistían estos enfrentamientos y el combate final. Así, lo lógico es presentar primero a su protagonista. Se trataba de un hombrecillo bajito, con un gran gorro, un chaleco envidiable y portador de una permanente sonrisa. En efecto, estamos hablando de Toad (muy hábiles mirando la imagen de arriba, talonianos). Pues bien, el pequeño Toad tenía varios desafíos por delante una vez iniciado el juego. Podía entrenar, jugar por rondas, retar a un segundo jugador, competir en el modo contrarreloj o desafiar a la máquina. Aunque había diferencias en todos ellos, la base era la misma: juntar criaturillas de un mismo color y hacerlas explotar con las bombas.

 

Apariciones estelares en los diferentes modos

Si no contábamos con un hermano o con un amigo siempre dispuesto a jugar a Wario’s Woods, la modalidad de juego más atractiva era ‘VS COM‘. Además, a diferencia de otros títulos, no resultaba decepcionante tras probar el modo para dos jugadores. Es más, podía llegar a resultar mucho más emocionante. Tras elegir el nivel de dificultad, el primer enemigo se presentaba ante Toad. Para vencerle, era necesario ganar tres rondas en pantalla dividida. Una vez conseguido, aparecía un nuevo enemigo y así sucesivamente. Vencer a Wario, el último de ellos, era una tarea completamente idéntica. Sin embargo, dado que la dificultad subía con cada jefe, no resultaba nada sencillo hacerlo.

Warios Woods

¿Y cómo se ganaba una ronda? Al inicio de una, encontrábamos a varias criaturas de colores diferentes. Desde las alturas, llegaban bombas también de colores. El objetivo era eliminar a todas y cada una de ellas agrupándolas en colores idénticos y haciéndolas coincidir con las bombas de su color. Estas podían moverse de una en una o en enormes columnas y el número mínimo a juntar de bombas y criaturas para eliminarse era de tres. En las primeras rondas resultaba sencillo cogerle el truco. Conforme avanzaban, el objetivo cambiaba. Como era demasiado complicado dejar la pantalla vacía, una ronda se ganaba aplastando al enemigo.

Roca Picuda, imprescindible en la saga Super Mario, estaba situada en la parte superior de las dos pantallas. Conforme pasaba el tiempo esta bajaba y si llegaba a aplastar a alguien se daría la ronda por perdida (o por ganada para el no aplastado). Así, había veces que importaba hacer buenas combinaciones para obtener tiempo extra y esperar a que el rival quedase aplastado. Esta mecánica de juego compartía muchas semejanzas con el clásico Tetris: elementos que caían desde las alturas y colores. Sin embargo, en este caso se podían mover las piezas aparentemente fijas.

Pasemos a la modalidad para dos jugadores. Tras elegir la velocidad y el nivel de dificultad, un Toad rojo y un Toad verde competirían también por ganar tres rondas antes que el rival. La forma de jugar era la misma y, al terminar, un enorme título designaría al ganador y otro al perdedor. Además de estas dos, destacaba ‘Round Game‘. Compuesto por cien rondas, se conformaba como el modo historia. Con un Wario revoloteando de vez en cuando (a través de una misma imagen repetida hasta la saciedad), Toad tenía que completar cada una de ellas siguiendo la misma mecánica de siempre: dejar la pantalla vacía.

wario's woods juego

Como recompensa, podía obtener unas cuantas monedas. Pero la mayor de las emociones llegaba con la aparición de la siempre espectacular Birdo. Esta se encontraba en todo momento en la parte derecha de la pantalla, señalando una barrita con cara de aburrimiento. Su trabajo consistía en ser una simple azafata que guiñaba el ojo a Toad con cada victoria. Y poco más. A todo esto, la misión de esta modalidad era destrozar el castillo de Wario y devolver la paz a las criaturas del reino.

 

Mejor en SNES que en NES

Wario’s Woods vio la luz en 1994 en la consola NES. También formó parte del catálogo de SNES, versión con la que hemos realizado este Retromanía. Entre ambas no existieron grandes diferencias en cuanto a su jugabilidad y controles, muy sencillos en las dos. Pero sí que la segunda fue mucho más completa que la primera y mejor en muchos aspectos.

El primero de ellos, y más evidente, era su estética. En NES teníamos un Toad y unas criaturas muy apagadas, con colores tristones. En SNES ya podíamos disfrutar de su enorme colorido (muy importante en un juego de unir colores), de un menú más animado y de caras más nítidas para sus personajes. El segundo pasa por la incorporación de su modo para dos jugadores.

En NES, los jugadores no contaron con la presencia de Piedra Picuda y sus rondas eran algo diferentes en cuanto a organización. Sin embargo, Animal Crossing de Nintendo GameCube decidió incorporar esta versión en su aventura. ¿Será porque consideraban que la primera siempre era mejor por ser más original? ¡A debatir! ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!