Antartic Adventure pinguino

Adelantándose a los futuros juegos para móviles, Antartic Adventure hizo su aparición en 1983. Su llegada se produciría en tierras niponas, para la consola NES y de la mano de Konami. Como su propio título indica, estamos ante un juego que transcurre en la parte más fría de la Tierra. Y, lo que ya había que descubrir al jugarlo, es que requería de habilidad, reflejos y precisión.

Aunque en ocasiones lo parezca, Temple Run no fue el juego encargado de inventar una jugabilidad en la que solo había que saltar, desplazar al protagonista y recolectar tesoros. Antartic Adventure tuvo la misma mecánica de juego casi 30 años antes, a través de una historia protagonizada por un simpático animal. Para que luego digan que los juegos para móviles son revolucionarios…

 

Un pingüino interesado en la cultura de cada país

Lejos de entrar en un debate sobre si los juegos para móviles han supuesto un viaje al pasado por su sencillez y jugabilidad, Antartic Adventure bien podría pasar desapercibido entre el catálogo que encontramos en Play Store o App Store. Y lo mejor (o peor) es que no se notaría demasiado que cuenta ya con tres décadas de vida. Un momento, si resulta que ya forma parte de este catálogo…

Antartic Adventure konami

Un pingüino y una ilusión por coleccionar banderas de distintos países se unen para crear una aventura especial. La criatura, que parece tener un trauma infantil por no haber podido viajar, se embarca en la misión de recorrer distintos lugares para robar la bandera de distintas bases. El problema es que estos lugares son casi idénticos y que el pingüino necesita de alguien que le empuje y le guíe por el hielo.

Así, el juego se divide en niveles, protagonizados por el tiempo. A diferencia de otros protagonistas de Retromanía, en los cuales los segundos eran algo simbólico que no añadía demasiada presión, en Antartic Adventure son estos mismos segundos los que determinan si un escenario puede completarse o no. Y, en las primeras partidas, no siempre resulta sencillo hacerlo. Una vez elegido el nivel de dificultad de la aventura de entre los tres disponibles, encontramos el mapa del primer recorrido, que nada tiene que envidiar a los circuitos automovilísticos.

Éste está construido por hielo y compuesto de curvas, grietas y focas, pensados para hacer perder el tiempo al pingüino. Como el objetivo es llegar a la meta antes de que se agoten los segundos, el jugador tiene la obligación de dirigir a la criatura. Puede moverlo hacia los lados, hacerle saltar y aumentar su velocidad. Y es que, si el animal no está dispuesto a correr a los bestia, todo está perdido. Cada escenario, aunque tiene una estética casi idéntica, está formado por estos obstáculos, que obligan a poner todos los sentidos en la pantalla.

Antartic Adventure juego

Las curvas son más pronunciadas conforme se avanza en el juego, por lo que en ocasiones resulta complicado girar a tiempo para no caer en una grieta. Éstas presentan dos tamaños diferentes: las grandes y las pequeñas. Es muy frecuente que el pingüino caiga dentro de las primeras, dado que resulta difícil saltarlas. Si esto ocurre, se perderá algo de tiempo hasta que suba, dado que no está muy en forma precisamente. Por otro lado, las segundas pueden saltarse por encima y de ella aparecen focas y peces. Al chocar contra una foca, el protagonista caerá al suelo, lo que le hará perder unos cuantos segundos. Mientras tanto, conviene recoger los peces que saltan sobre ellas. No solo servirán para alimentar al animal, sino que engordarán la puntuación.

 

Cuidado: ¡pesca descontrolada!

Si se quiere completar un nivel con la máxima puntuación posible, el jugador no solo tiene que esquivar estos obstáculos a tiempo, sino pescar peces al vuelo y recoger pequeñas banderas por el camino. Y, entre estas banderas se encuentra una sorpresa, que no es otra que un pequeño gorrocóptero a lo Doraemon. Con él en la cabeza, nuestro pingüino puede aguantar más tiempo en el aire durante un salto, fiel al estilo Peach.

La parte negativa es que no dura demasiados segundos, pero es un buen complemento si queremos iniciarnos en la pesca. Una pesca, por cierto, bastante descontrolada, no solo porque el pingüino intente zamparse minúsculos pececillos cada cinco segundos, sino porque sus vivos colores nos hacen sospechar que estamos ante especies no muy comunes.

Antartic Adventure

Así, en Antartic Adventure, el jugador de la época no tuvo que poner a pruebo su dominio en complicados controles (tres botones eran más que suficientes para avanzar), sino su capacidad para pulsar esos botones en el momento exacto. En el mismo instante en el que aparece una grieta. En el segundo en el que esquivar una foca. En el tiempo justo para girar. El hielo, además, escurre bastante, por lo que es necesaria una buena precisión y unos buenos reflejos. Aunque todo hay que decirlo: no estamos ante un reto imposible. Ni tan siquiera ante un juego especialmente difícil.

Con estos sencillos controles y con la técnica ya dominada (a base de varios intentos), es bastante sencillo completar los escenarios a tiempo. Sin embargo, llegará un momento en que ya no puedan completarse más, bien porque el jugador se haya hartado de dedicarles horas o porque su habilidad ya no funciona igual. Así es talonianos, estamos ante uno de esos juegos infinitos que se terminaban cuando el jugador se quedaba sin fuerzas o se rendía, no pudiendo llegar a la meta a tiempo. ¡Para que nadie se quejase de su duración!

Su duración podía superar a muchos de sus competidores de la época, ¿pero a qué precio? Porque con una estética tan básica formada por circuito, cielo y pingüino y encima repetida hasta la saciedad, tampoco es que sus creadores merezcan un premio. Y eso por no hablar de la excesiva iluminación de estos escenarios y de su alto contraste.

Pero pocos juegos perfectos existen y no hay que olvidar que sencillez no implica baja calidad, ni que estamos ante un título de la década de los ochenta, que ha conseguido ser recordado treinta años después. ¡Y eso no lo supera cualquiera! Además, contó con la secuela Penguin Adventure, un juego algo más completo que volvería a ponernos en la piel del querido pingüino. Pero ya nos ocuparemos de él en un próximo Retromanía…