Ayer os contamos como se puso fin al ritual de seppuku a modo de sentencia legal en la primera parte de nuestro especial, una resolución que ofrecía a los condenados la posibilidad de morir con honores, pero que tras una serie de incidentes se abolió en 1870, sin embargo aunque legalmente ya no se practicaba, la clase samurái no renunciaría a él, y todo cuanto simbolizaba, sin luchar.

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 *Ojo, este artículo contiene algunas descripciones impactantes*

La restauración Meiji

Mientras que el seppuku a nivel judicial ya había sido abolido con el decreto imperial de 1870, el seppuku marcial continuó como un grito de muerte de la clase samurai. En 1868, se anunció el retorno al Gobierno Imperial, bajo el mandato del Emperador Meiji. Este fue el encargado de proceder con la renuncia de Tokugawa Yoshinobu como shogun y con él el final del shogunato Tokugawa, que a su vez inició el declive de los samuráis.

Yoshinobu Tokugawa
Yoshinobu Tokugawa

Muchos de los samuráis que se mantuvieron fieles al shogunato estaban descontentos con la nueva dirección que había tomado el país, y organizaron rebeliones anti-imperiales durante gran parte de la siguiente década. Quizás la más famosas fue la Rebelión Satsuma, liderada por Saigo Takamori, cuya última resistencia contra el Gobierno Meiji proporcionó la base histórica de la famosa película El Último Samurái.

Pero Takamori no tuvo la oportunidad de cometer seppuku a sí mismo, pues murió a consecuencia de las heridas de bala durante la Batalla de Shiroyama en 1877. Pero lo cierto es que enseguida comenzaron los rumores sobre un seppuku imaginario, que propagaron sus seguidores para honrar su muerte. Por ello se tardó años en convencer a la gente de las verdaderas causas de la muerte de Takamori.

Pero hubo otros incidentes famosos de seppuku durante este periodo. Durante una batalla de las Guerras Boshin, en el año 1868 en Aizu, había una brigada conocida como «Fuerza del Tigre Blanco» formada por muchachos de 16 y 17 años, (aunque algunos eran incluso menores) todos hijos de samuráis. Durante la batalla, veinte de sus miembros creyeron ver un incendio en el castillo de la ciudad, pensando que sus fuerzas habían sido derrotadas y su señor estaba muerto, todos ellos decidieron suicidarse. Uno de ellos leyó el poema de la muerte, de acuerdo con la tradición samuráis. Luego procedieron a matarse a sí mismos y entre sí. Uno de los niños, Iinuma Sadakichi, sobrevivió a sus heridas, para descubrir la terrible verdad: el humo que habían visto era el de un cañón de fuego recién disparado.

El castillo no estaba en llamas y la batalla aún no estaba perdida. Fue una trágica adherencia de los chicos al código samurái que, sin embargo, los inmortalizó. Cuando el dictador italiano Benito Mussolini escuchó la historia donó una columna de Pompeya para que se colocara en el recinto dónde se habían levantado las tumbas de los chicos.

Columna de Pompeya donada por Musolini las tumbas de los "White Tiger Force"
Columna de Pompeya donada por Musolini las tumbas de los «White Tiger Force»

En 1876, el Gobierno Meiji puso un clavo importante en los ataúdes de la clase samurái y el seppuku, mediante la prohibición de llevar espadas. Solo los oficiales del ejército y determinados funcionarios de seguridad podían armarse con ellas. Este decreto hizo que partidarios de los samuráis se indignaran, pues la espada era un símbolo intrínsecamente ligado a los guerreros, y la prohibición de portarlas hizo que la opinión anti-reformista se reforzase.

Kaya Harukata, un sacerdote sintoísta, y su antiguo compañero de clase de Ôtagurô Tomo, fundaron una nueva facción del sintoísmo, llamada Keishin-to (Agrupación de la Divina Reverencia), pero pasó a ser más conocida como Kumamoto Shinpūren (Liga Kumamoto del Viento Divino).

Harukata y Tomo reclutaron hijos de familias samuráis y estudiantes de las escuelas sintoístas, muchos de ellos adolescentes. Otros, simplemente, era hombres indignados por lo que ellos entendían como la decadencia de la cultura japonesa. Al final consiguieron reclutar menos de 200 hombres con cualidades para luchar, pero aún y así decidieron atacar Kumamoto, lugar donde estaba estacionado el Ejército Imperial Japonés. 173 samuráis, equipados solo con espadas (como compromiso hacía la simbología del arma con la vida samurái), contra 2.000 soldados imperiales armados.

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Aunque los samuráis realizaron una impresionante demostración, la superioridad en cuanto a número y potencia de fuego del Ejército Imperial terminó por derrotarles. Algunos sobrevivieron y volvieron hasta el santuario, donde decidieron disolverse y despedirse del mundo de los vivos.

Los suicidios los ex-miembros del Kumamoto Shinpūren se prolongaron durante días, en los cuales los combatientes derrotados se destripaban entre sí para evitar su captura. Algunos llegaron a sus casas, donde pudieron hablar con sus familias antes de cortarse el vientre. Y otros pocos fueron a ver a amigos o acudieron a templos para encontrar un lugar adecuado para su suicidio. La historia de la Rebelión de Shimpûren instaría a otros anti-reformistas, pero la cultura samurái finalmente perdió, el Gobierno Meiji resultó victorioso y el Emperador se mantuvo en lo alto del poder hasta su muerte, en 1912.

La modernización de Japón, al parecer, había matado al seppuku.

Seppuku en el siglo XX

Treinta y cinco años después de la Rebelión Shimpûren, el ex-comandante del Tercer Ejército Imperial, Nogi Maresuke, se excusó en el funeral del Emperador Meiji para ser encontrado más tarde muerto de dos impactos cruzados que destripaban su estómago. Nogi había sido un miembro de la clase samurái, pero durante el período Meiji se puso del lado del Gobierno Imperial, derrotando a los rebeldes con los que a menudo simpatizaban sus familiares y amigos. De hecho, el hermano menor de Nogi murió luchando en el lado de los rebeldes durante una insurrección en Hagi.

Nogi Maresuke
Nogi Maresuke

Se piensa que Nori podía haberse convertido en suicida después de un incidente relacionado con la Rebelión Satsuma, durante el cual perdió la bandera del regimiento, siendo el mismo Emperador Meiji el que se la dio para su salvaguarda. Según Kodama Gentarô, un compañero oficial, descubrió a Nogi a punto de destriparse a sí mismo después del suceso y tubo que confiscarle la espada. Después de la muerte del emperador, en septiembre de 1912, Nori puso en orden sus asuntos, reescribió su voluntad y visitó a sus amigos. Luego, el día del funeral, él y su esposa fueron a un gran salón con ventanas, en el cual Nori apuñaló a su esposa (supuestamente en una acción consensuada) y luego cortó su propio abdomen.

La reacción de la sociedad japonesa a la muerte de Nogi dice mucho acerca de cómo los nipones se sientes respecto al seppuku. Este tipo de muerte era anacrónica (en desacuerdo con la actual época) y surgieron voces muy críticas por ello. Nogi había cometido un acto del pasado de Japón, mientras Japón estaba disfrutando de una visión más moderna del mundo. Fue un golpe considerado egoísta para algunos, mancillar el carácter nacional por su propio ego de samurái. El mensaje estaba claro: el seppuku no era un acto que perteneciente a ese Japón moderno.

El seppuku tuvo un resurgimiento durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los aliados victoriosos entraron al país y muchos oficiales decidieron suicidarse antes de rendirse. Las fuerzas aliadas ocuparon Japón y le obligaron a abolir la Constitución Meiji en favor de la Constitución de Japón. El Emperador se convirtió de nuevo en una mera figura decorativa cuando el país adoptó un gobierno de base parlamentaria. En 1970, Yukio Mishima, se atrincheró en la oficina del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa Japonesas, pronunciando un discurso en el que exigía la devolución del poder al emperador. Y luego se destripó a sí mismo. La reacción de los comentaristas, en su desconcierto, fue muy similar a la suscitada por el suicidio de Nogi: «el seppuku, simplemente, no era un acto que perteneciera al Japón moderno»

¿Podemos considerar entonces el seppuku algo del pasado? ¿Se ha alejado la idea del suicídio ritual de la mentalidad de los japoneses? Dado la cantidad de suicidios, anormalmente elevada, del país nipón (más de 25.000 solo durante el pasado 2014) tendríamos que considerar la posibilidad de que aunque la práctica ya no exista la esencia de esta, deformada por el paso de las épocas, aún palpite en el interior de los japoneses.

Este texto es una traducción y adaptación del original visto en Rocket News 24

Fuente original: “Seppuku: Una historia de Samurai Suicidio” de Andrew Rankin