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¿Qué decir de Mortal Kombat que no se haya dicho a estas alturas? El juego creado por Ed Boon y John Tobias en 1992 para la desaparecida Midway llevó la lucha a un nuevo nivel  por más de un motivo tras el éxito de Street Fighter II.

El primero de ellos era el visual:  gracias a sus personajes animados con stop motion, al gore casposo y a la sangre pixelada a mansalva, muchos vimos que no estábamos ante el enésimo clon de Street Fighter o Fatal Fury, sino que aquí había auténtica innovación. Tanta, que el juego consiguió dividir a la comunidad de jugadores ante dos tipos de mecánicas diferentes: la de los juegos de lucha japoneses, con los clásicos golpes medios y fuertes, así como el bloqueo pulsando hacia atrás en la palanca de control, y  el control de Mortal Kombat, con cinco botones: cuatro para puños y patadas (golpes altos y bajos) y uno diseñado específicamente para el bloqueo.

El éxito y polémica de Mortal Kombat en su versión arcade no se hizo esperar. Muchos aprovecharon el éxito del juego para acusar pobremente a los videojuegos de satanismo e incitación a la violencia, obviando el fuerte contenido paródico y de serie B de la que ha hecho gala la franquicia desde siempre.

Eso hizo que las conversiones para consolas, lanzadas en 1993, fueran vilmente mutiladas, especialmente las destinadas a las consolas de Nintendo, ya que en el caso de las consolas de SEGA, existían códigos para restituir la sangre y los Fatalities, ataques finales marca de la casa y que fueron copiados por muchos otros títulos a partir de entonces.

Así pues, sin más dilación, os dejamos con la retahíla de anuncios dedicados al debut de Liu Kang, Raiden, Johny Cage, Scorpion, Sub Zero y el resto de cabestros que se dejan los huesos (literalmente) en el torneo más cabestro de todos los videojuegos. ¡Mortal Kombat!