El gran espejo del amor entre hombres

Cuando queremos conocer otras culturas a veces hemos de estar preparados para abrir nuestra mente y tener en cuenta que muchos de nuestros valores actuales están basados en una educación e imposición de las normas de conducta social propias de la religión católica más tradicional (o conservadora), pero esto no implica ni que sean los únicos histórica y geográficamente, ni que sean los correctos, los mejores o los peores. Tan solo es una forma de ver y vivir la vida, una más entre muchas otras, que un individuo crea que su forma de vida es la correcta es tan hipócrita como pretender que a todo el mundo le guste la misma manzana que tú has elegido para comer y descartar las otras frutas del cesto por el mero hecho de ser de otra raza, color, sabor, o simplemente… no ser la tuya.

Con esta convicción nos sumergimos en el libro que nos ocupa hoy: El gran espejo del amor entre hombres de Ihara Saikaku, seudónimo de Hirayama Tōgo, escrito en el año 1684, y publicado recientemente en nuestro país por la Editorial Satori. Una recopilación de relatos cortos de la época Edo que nos emocionaran con su romanticismo poético, amor idílico, pasión desatada y en algunas ocasiones historias imposibles, pero todos los relatos girarán en torno a la homosexualidad masculina. Historias de amor viril en el siglo XVI.

 

Trasfondo social del Japón medieval

Antes de nada avisar que las líneas que vienen a continuación son algo densas para aquellos lectores con menos habito a la lectura historica, por lo que recomendamos un poco de café y unas galletas (preferiblemente de chocolate) para centrar vuestra atención durante unos minutos, pues nos vemos en la obligación, dado la naturaleza de la obra que nos ocupa, a situarnos en el trasfondo social de la época en que vivió su autor, la era Edo, e incluso un poco más atrás…

Cuando los primeros monjes budistas procedentes de China y los exploradores mongoles llegaron a Japón trajeron consigo la religión budista y la doctrina confucionista, dos filosofías de vida que fueron adaptadas y absorbidas por los japoneses autóctonos, con esa extraña peculiaridad que poseen los nipones para adquirir, transformar y hacer suyos aquellos aspectos de otras culturas que les parecen más atrayentes. Al estar en sintonía con la creencia casi chamánica del culto autóctono, el sintoísmo, tanto el budismo como el confucionismo calaron hondo en la sociedad de la época, una mezcla que ha marcado el peculiar carácter de los japoneses, desde los primeros textos escritos hasta la actualidad.

En la era Edo el gobierno japonés había adquirido el confucianismo como filosofía de estado, el cual dictaba que las dos virtudes más estimables para la sociedad eran «la lealtad al gobernante y la piedad filial a los padres«. Cada familia era un microcosmos de la sociedad donde el hombre (padre) gozaba de la lealtad de todos sus componentes, pero en la que cualquier muestra de afecto por parte del padre hacia la esposa o los hijos era impropia de su condición como jefe de familia. De esta forma la esposa debía ser siempre dulce, sumisa y obediente para asegurar una correcta armonía familiar y social aunque nunca recibiría un abrazo, un beso o una caricia por ello. Estaba prohibido que una esposa se mostrara celosa, hasta el punto de ser un delito castigado con la muerte. De esta forma muchos hombres buscaban la pasión desatada y las emociones que no podían ofrecer a la familia en los barrios festivos. Hasta tal punto de que no se tenía que esconder socialmente, ni estaba mal visto frecuentarlos. Así este tipo de barrio cobró una importancia inusual dentro de las ciudades más grandes de la épico: Tokio, Osaka y Kioto.

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Por otro lado tenemos que tener en cuenta que la homosexualidad en Japón no era ningún tabú social, más bien una práctica muy extendida entre la sociedad a todos los niveles. Hasta que Japón no se abrió a Europa a comienzo de la era Meiji, cuando el gobierno quiso encajar en los estándares occidentales para mejorar las relaciones gubernamentales y comerciales, las relaciones homosexuales entre hombres (ojo hablamos sobre todo entre hombres, el papel de la mujer era totalmente diferente en todo los aspectos) eran algo normal y no habían sido perseguidas por el estigma social ni ético.

Pero estas relaciones no solo se entendían desde el punto de vista romántico o sexual, también desde la admiración, el respeto, la lealtad y la gratitud, como un aprendiz hacia su maestro, sea samurái, monje o noble al que da leal servicio.

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Pero si estos conceptos ya resultan difíciles de encajar en una sociedad donde desde pequeños nos han enseñado a mirar mal cualquier otro tipo de relación que no sea la propia de «Adan y Eva en el paraíso” (la propia frase ya tiene el simbolismo de idealizar la pareja heterosexual y estigmatizar todo aquello que no entra en ese paraíso terrenal) cuando sacamos el concepto de menores de 20 años (actualmente la edad fijada para la mayoría de edad en Japón) el alarmismo se dispara. Y es que el ideal romántico que se buscaba en el amante homosexual era siempre el de un joven apuesto; el aprendiz, el sirviente o el joven actor de kabuki que encarnaba papeles femeninos eran para muchos japoneses los amantes perfectos y estos a su vez demostraban la admiración y respeto, tan propia de la doctrina confucionista, hacia aquellos con mayor grado social, experiencia, edad o cargo, en una embriagadora sesión de caricias nocturnas. Desde luego la mayoría de aquellos jóvenes amantes eran demasiado «jóvenes» para la ideología occidental actual, sin embargo también tenemos que tener en cuenta que nos situamos en una época en que se consideraba mujer a cualquier niña de 14 ó 15 años.

En este último punto nosotros no queremos ni alagar, ni criticar, ni alarmar, de la misma manera nos reservamos también nuestra opinión personal. Nosotros únicamente os exponemos aquello que forma parte de la historia de Japón, nos agrade o no.

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente mencionado no nos tendríamos que sorprender de que en aquella época el autor escribiera como parte del prólogo frases como la que os transcribimos a continuación: …»Pero desde que al dios Susanoo (hermano de Amaterasu), cuando siendo viejo no podía ya cortejar a los jovencitos y le dio por flirtear con la diosa Inada-hime, empezaron a oírse en este mundo los llantos ruidosos de los bebés, a aparecer figuras como comadronas y casamenteras, a ser causa de preocupación para los padres los baúles con los ajuares y las ropas que debían llevar sus hijas al casarse. ¿Por qué será que, a pesar de que no hay diversión más maravillosa que el amor entre hombres, la gente de hoy en día no se da cuenta de sus exquisitos encantos?»

Esperando que nadie se durmiera en el camino y conociendo un poco mejor la presión social oculta bajo una apacible vida familiar en el Japón feudal podemos pasar a analizar El gran espejo del amor entre hombres de Ihara Saikaku.

 

Y por fin… El gran espejo del amor entre hombres de Ihara Saikaku

El gran espejo del amor entre hombres se considera un clásico de la literatura japonesa. Es una obra compuesta por cuarenta relatos cortos cuya temática común, tal y como ya hemos dicho, son las relaciones homosexuales entre hombres. En esta ocasión Satori Ediciones ha publicado la primera parte: El gran espejo del amor entre hombres – Historias de samuráis, dedicado a las primeras veinte narraciones centradas en las historias entre los samuráis y sus amantes. 

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Según el prólogo, escrito por el mismo autor, estos son relatos que han llegado hasta él a través de amigos y conocidos que se los han ido confiando, no son experiencias propias ni cuentos basados en la fantasía.

El libro se divide en cuatro partes con cinco relatos diferentes en cada una de ellas, centrados todos ellos en la temática de “La Vía del amor Viril”, nombre que recibían poéticamente las relaciones de guerreros samuráis con los muchachos llamados wakashū, adolescentes que aún no habían celebrado la ceremonia del Genpuku, con la que se alcanzaba el estatus de adulto. La segunda parte de la obra (muy pronto en España gracias a Satori) se titula El gran espejo del amor entre hombres – Historias de actores se compone de otras veinte narraciones dedicadas a las historias de amor en el mundo de los jóvenes actores del teatro Kabuki.

 

Ihara Saikaku, el autor

Por la obra analizada hoy se podría deducir que Hirayama Tōgo (1642-1693 / recordemos que Ihara Saikaku era un seudónimo) es un acérrimo defensor de las relaciones homosexuales entre hombres anteponiéndolas a cualquier tipo de relación entre un hombre y una mujer.

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Pero nada más lejos de la realidad, pues en su trayectoria profesional Hirayama Tōgo escribió sobre variedad de temas, muchas veces contradiciendo ideologías de obras ya publicadas.

Hirayama Tōgo fue uno de los poetas y novelistas más importantes de la era Edo en Japón. Ganó su fama tras componer  23.500 versos en un sólo día durante una ceremonia en el santuario de Sumiyoshi, en Osaka. Sin embargo Tōgo no solo centró su obra en la poesía, también publicó un gran número de novelas como “Hombre lascivo y sin linaje”, “Amores de un vividor”, “Cinco amantes apasionadas” o “Vida de una mujer galante”, especializándose así en un género literario cínico y picaresco sobre los aventurescos amoríos propios de los barrios “festivos” de las grandes ciudades de la época.

 

Edición Satori Editores

La editorial Satori nos sorprende con una versión muy completa de la magnífica obra de Saikaku, dentro de su línea «Maestros de la literatura japonesa». Comenzando por un interesantísimo prólogo de 54 páginas, donde de la mano de Carlos Rubio (traductor junto con Akiko Imoto de adaptación de la obra al castellano) conoceremos con todo lujo de detalles la situación política, histórica y social del Japón de la era Edo. De una forma igualmente magistral tratará de explica la realidad social en que se sitúan las relaciones heterosexuales y homosexuales, con y sin muchachos jóvenes, en el marco histórico de Japón.

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Respecto al formato físico de esta obra Satori continua en su línea habitual de edición. De portada rústica con sobrecubierta en cartoné rugoso, la obra se compone de un total de 296 páginas, de las cuales 223 forman parte de la obra original, alternando los textos con grabados en blanco y negro realizados por el mismo autor. El resto de las páginas corresponden al contenido extra (prologo de Carlos Rubio y glosario) que la editorial ha creado para enmarcar un libro que, por su temática, requiere un trato un poco más delicado y cuidadoso, ayudando así al lector a situarse en la mente de un japonés de la época para poder apreciar sin ningún tipo de prejuicio la brillantez de la literatura de Saikaku.

 

Conclusiones

A diferencia de otras obras de la misma editorial podemos afirmar que El gran espejo del amor entre hombres no es una obra para todo tipo de público, no por su contenido, pues el romanticismo y el amor idílico reinan en la obra que posee un fantástico toque clásico, así como una exquisita y bella narración. No obstante su temática es difícil de encajar y lamentablemente puede hasta irritar a las mentes más cerradas. No todo el mundo está dispuesto a conocer y aceptar otras culturas tan socialmente diferentes como es la occidental sin crearse perjuicios y creárselos a los demás.

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Satori vuelve a marcarse un tanto a su favor en la edición de este clásico con el material extra integrado en la obra, con el que sitúa al lector en la realidad histórica, social, religiosa y cultural del Japón feudal, imprescindible para entender y apreciar las cuarenta historias de Ihara Saikaku.

Y vosotros Talonianos ¿estáis preparados para saborear el resto de la fruta del cesto y probar con que El gran espejo del amor entre hombres? La forma de ver Japón desde una perspectiva que nunca imaginaste que existía.