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Esta semana se cumplen 68 años de los bombardeos que tropas americanas, bajo las ordenes del presidente Harry Truman, efectuaron a Hiroshima y Nagasaki, y que pusieron punto y final a la Segunda Guerra Mundial, con la rendición del Imperio Japonés. Un hecho lamentable que, como muchos otros efectuados en cualquier guerra y cualquier bando, pone de manifiesto hasta donde es capaz de llegar el ser humano en su ahínco de autodestrucción al que se suele disfrazar con el nombre de ciencia o investigación al servicio del país, y que se pone en práctica en el teatro, bien decorado y ensayado, de las guerras. Desde luego ninguno de nosotros vivimos durante esos sucesos, aunque nuestros abuelos aun nos pueden contar muchas viejas historias de guerra.

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Estos días los medios hablan mucho sobre los actos entorno a este aniversario, ¿pero qué pasó exactamente en Japón el 6 y el 9 de agosto del 1945? Solo a modo de pequeño resumen, porque la cultura de Japón está modelada a través de su historia, y su historia no está acotada a la época feudal y al Japón de los samurais, vamos a intentar hacer un pequeño resumen, pues tal y como explican los voluntarios del Museo Memorial de la Paz, de Hiroshima: por muy duro se ha de saber lo que ocurrió y no se ha de olvidar, para que no se vuelva a repetir en el futuro.

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Primero nos tenemos que situar en el contexto histórico del año 1945, una época marcada por la Segunda Guerra Mundial. Tras 6 meses de intensos bombardeos a diferentes ciudades japonesas (en los que se evitaron algunas ciudades premeditadamente), Truman dio un ultimátum al Imperio Japonés, en el cual los americanos aseguraban que si Japón no se rendía actuarían para «la inevitable y completa destrucción de las fuerzas armadas japonesas e inevitablemente la devastación del suelo japonés». Pero Japón no cedió.

Los bombardeos

Hiroshima

La bomba Little Boy alcanzó la ciudad de Hiroshima la mañana del 6 de agosto del 1945, explotando a unos 600 metros de altura sobre ella y provocando una gran bola de fuego de unos 256 metro de diámetro y elevando la temperatura a más de un millón de grados centígrados. Se calcula que entre 70.000 y 80.000 personas, un 30% de la población, murió en el acto y otras 70.000 resultaron heridas. Se ha calculado que desde la explosión de la bomba hasta finales de ese mismo año las muertes derivadas de la explosión y la exposición a la radiación fueron entre 90.000 y 140.000. Algunas fuentes aseguran que hasta 1950 fueron 200.000 las víctimas derivadas de la explosión. Actualmente aun se estudian las muertes por cáncer en los supervivientes de la tragedia.

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Como ya habíamos mencionado anteriormente, Hiroshima se había visto «protegida» de bombardeos mientras que sus ciudadanos creían tener la suerte de que a ellos nos les había tocado de momento. Este hermetismo por parte de los americanos no era casual, ya que la ciudad ya había sido elegida como posible objetivo de la bomba atómica y era más fácil estudiar los efectos de una nueva arma sobre un territorio que no había sido bombardeado anteriormente.

Nagasaki

Fat Man, la bomba atómica que explotó en Nagasaki, era un poco diferentes a la de Hiroshima, y estaba destinada a la ciudad de Kokura, pero debido a la falta de visibilidad, ya que el día amaneció nublado, y al retraso en la llegada del avión que transportaba la bomba, tras una primera misión de reconocimiento se decidió volar hacia Nagasaki, tercera ciudad elegida como objetivo en los planes del ejercito americano.

Desde uno de los aviones de reconocimiento que sobrevolaron el 9 de agosto sobre las 11 de la mañana la ciudad de Nagasaki, se lanzaron algunos instrumentos de medida acompañados de una carta anónima a la atención del profesor Ryokichi Sagane, un físico nuclear de la Universidad de Tokio el cual había estudiado junto con tres de los científicos responsables de desarrollar el arma nuclear. En ella se advertía del peligro destructivo de estas armas para que hablara con el gobierno japonés y tratara de convencerle para poner fin a esa guerra perdida. Pero pese a que el documento enseguida fue abordado por fuerzas del imperio, la carta llegó a sus manos un mes después del ataque a Nagasaki.

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Aunque el cielo estaba también bastante nublado, a las 11:01 se abrió una fatídica brecha en el encapotado cielo de Nagasaki que permitió avistar el objetivo y lanzar la segunda bomba, que explotó unos segundos después a 469 metros de altura, pero desviándose casi 3 kilómetros de su objetivo. Esto permitió que gran parte de la ciudad quedase protegida por unas colinas cercanas, pero a pesar de todo murieron entre 40.000 y 75.000 personas en la detonación y otros 80.000 a lo largo del mismo año como consecuencia de las heridas y la radiación.

La gran diferencia entre ambas explosiones es, a demás de la protección que tuvo la ciudad de Nagasaki por su geografía, que al ser dos tipos de bomba diferentes (de uranio en el caso de Hiroshima y plutonio en el caso de Nagasaki) causaron algunos efectos secundarios diferentes- En el caso de la primera, ocasionó a los pocos minutos de detonar una lluvia negra tremendamente tóxica, que provocó que la radioactividad del ambiente se posara y fuera absorbida por seres vivos, animales, plantas, el agua y las tierras con las que cultivar. Lo que acrecentó los daños, a corto y largo plazo.

Los hibakusha

Se les llama así a las personas que sobrevivieron a estos bombardeos, que curiosamente fueron marginados por la propia sociedad japonesa durante muchos años.

Solo un año y medio después de los bombardeos fueron informados de que había sido un ataque con bombas atómicas. Tres años después empezaron a agruparse los supervivientes en una asociación de víctimas con el fin de pedir ayuda al gobierno, pues necesitaban dinero para los tratamientos y la gente moría continuamente como consecuencia de los efectos de la radiación. Los que viajaban a otras ciudades se les negaba el trabajo, pues ser Hibakusha, aseguran los sobrevivientes, era como una maldición, que los estigmatizaba. En el año 2008 el gobierno japonés había contabilizado más de 400.000 Hibakusha,  258.310 en Hiroshima y 145.984 en Nagasaki.

Hiroshima Marks 64th Anniversary of World's First Atomic Bomb

Nosotros os hemos contado los hechos, muy resumidamente, pero no nos toca juzgar. En las guerras no existe el bueno, ni el malo, y desde luego, por mucho que los gobiernos y los militares insistan, ni vencedores, ni vencidos. Desde Tallon4 hemos querido aportar nuestro granito de arena para que tal y como recuerdan los voluntarios del Museo Memorial de la Paz: se conozcan los hechos para que no se olviden, ni se repitan.

Para más información sobre las explosiones podéis consultar el manga autobiográfico: Hadashi no Gen del fallecido mangaka y Hibakusha Keiji Nakazawa, que sobrevivió al bombardeo cuando tan solo era un niño.

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