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Como cada domingo, El Retroanuncio ya está aquí con todos vosotros, y ya después de una semana de celebraciones, volvemos al ritmo habitual en la sección, con material totalmente «nuevo» y con el que seguir enriqueciendo nuestra cultura de anuncios frikis del año de maricastaña. Y para ello, qué mejor manera que traer del olvido a uno de los más grandes plataformas de la primera Game Boy: Super Mario Land 2: The Six Golden Coins.

No seamos abogados del diablo, su antecesor, el primer Super Mario Land, fue todo un éxito de ventas, con más de 18 millones de cartuchos vendidos en todo el mundo, pero su secuela introdujo cambios tan radicales que aquellos que caímos rendidos a sus pies convertimos a este título en uno de nuestras entregas fetiche del fontanero.

Super Mario Land 2: The Six Golden Coins elimina de un plumazo el sistema de niveles lineal de su precursor, y adopta el planteamiento de los grandes entre los grandes: Super Mario Bros 3 y Super Mario World, o lo que es lo mismo: numerosos niveles a explorar en mundos cuyo acceso, en la mayoría de los casos no es lineal. De este modo, movemos a Mario por un mapa que representa Mario Land y a partir de ahí vamos seleccionando mundo y nivel. Como era de esperar, muchos de ellos son secretos, y requerirán de toda nuestra pericia para obtenerlos, por lo que el título nos mantendrá pegados a la pantalla hasta que lo terminemos y demos buena cuenta de… ¿Bowser?

¡No! Estamos ante una de las pocas ocasiones en las que la némesis del fontanero bigotudo se toma un descanso entre derrota y derrota para que entre en escena, el que para muchos, es un personaje más carismático que el propio Mario, aunque representa todo lo contrario que él. No podía ser otra manera, nos estamos refiriendo al ansioso de Wario, que hace su debut a modo de jefe final tras haber hechizado a todo Mario Land y puesto a todos sus habitantes en contra del propio Mario.

Precisamente su magnetismo hipnótico es el protagonista del anuncio americano del título, así que tened cuidado al verlo, no vayáis a convertiros en esbirros de este gordinflas. Afortunadamente, el anuncio japonés, mucho más entrañable, es el antídoto perfecto para recuperar la cordura.