Hidebu Takahashi y Milky Way Ediciones nos acercan Nieve sobre los pinos, un boys love ambientado en la época Edo que narra la historia de amor entre un médico y un ex yakuza. ¡Cuidado con los spoilers!

¡Muy buenas talonianos! Ha pasado un tiempo desde que nos leímos por última vez. Hoy os traigo una reseñita de una obra que hemos tenido la suerte de ver publicada en castellano gracias a Milky Way Ediciones, pero que la gente parece haber pasado por alto. Una auténtica lástima porque se trata de una historia muy interesante, un slice of life de época, con un estilo de dibujo que al principio choca un poco pero que acaba gustando mucho, al igual que la trama que narra (al menos eso es lo que me pasó a mí). Uno de esos descubrimientos de cuya existencia no tienes ni idea, pero que un día llega a ti y te hace disfrutar de una trama, unos personajes y una acción muy adictivas a pesar de que a lo largo de sus páginas puedas encontrar algún que otro altibajo que queda un tanto eclipsado en la valoración general de la obra. Y lo mejor de todo es que se trata de una serie cortita, de tan solo tres tomos que se hacen realmente ligeros y amenos. Hoy nos adentramos en el Edo más clásico de la mano de Hidebu Takahashi y su obra Nieve sobre los pinos.

Sinopsis

Shôan es un médico rural que vive próximo al camino que lleva a la capital, Edo. En una casita cedida por el jefe del pueblo vive una apacible vida en la que se esfuerza por ayudar a quienes más lo necesitan, lo que le ha granjeado el afecto y reconocimiento de sus vecinos. Un día, en una expedición para buscar un cadáver con el que poder hacer medicinas curativas, Shôan se encuentra con un joven moribundo con un tajo en el gaznate. Tras llevarle a su casa para salvarle la vida, el joven despierta, pero se muestra reacio a hablar con el médico sobre sí mismo, su procedencia o su pasado. Es por ello que Shôan decide llamarle Yuki, ya que le conoció en una noche de nieve. Tras echarle en cara la pérdida de un valioso cadáver con el que sacar rendimiento a sus conocimientos curativos, el médico le hace ver a Yuki que puede sacarle partido a su cuerpo de una manera mucho más excitante y placentera para los dos. Así, Shôan y Yuki comienzan a vivir juntos, lo que los llevará a conocer sus respectivos pasados, sus cuerpos y a descubrir lo cálido que resulta tener a alguien a tu lado para recibirte al llegar a casa, alguien con quien compartir el día a día, especialmente en los fríos días de nieve.

Nieve sobre los pinos

Impresiones

Reconozco que en un principio esta historia no me llamó mucho la atención porque el dibujo se me hacía extraño y poco afín a mis gustos (eso me pareció con el primer vistazo rápido que le eché al tomo cuando fui a mi tienda de confianza para comprar las novedades manga de turno, allá por noviembre de 2020). Sin embargo, por una maravillosa casualidad (me lo regaló una persona a la que quiero muchísimo), el primer volumen llegó a mis manos a finales del pasado año… Y con eso descubrí una historia de época muy tierna que me ha encantado. Como suelo decir otras veces, no es de recibo valorar a un libro por su portada y en el caso de Nieve sobre los pinos esta oración hay que entenderla a pies juntillas. Creo que precisamente sus portadas (poco atractivas) y la impresión que puede dar un primer vistazo de su contenido (tal y como me pasó a mí) pueden llevar erróneamente a más de uno a pensar que la obra es fea o que no merece la pena. Y eso sí que es una auténtica pena, ya que la obra resulta más que interesante y su historia es de una ternura (mezclada con cierta violencia) que derrite el corazón, especialmente en su etapa final. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos y vayamos paso a paso.

Una de las peculiaridades de esta trama es que narra un atípico día a día entre un médico rural y un ex yakuza al que su cara y cuerpo afeminados le han traído más de un problema. Como no podía ser de otra manera, este slice of life relata la cotidianidad de la pareja y su interacción, la cual se va afianzando y haciendo más profunda cuanto más tiempo pasan juntos y mejor se conocen (o, mejor dicho, más de sí mismos muestran a la otra persona para permitirse ir conociéndose mejor). En esa vida en común se alternan los momentos más livianos y tranquilos con escenas de humor y otras de auténtica tensión (especialmente las relacionadas con el pasado-presente de Yuki y su relación con ciertos miembros de la yakuza). Realmente se agradece ese giro entre géneros, ese toque que cambia el ambiente en determinados momentos, que aligera o tensa la acción en según qué encuentros o conversaciones. El único problema es que en varios momentos dichos giros parecen un tanto forzados, como metidos con calzador, haciendo que el lector sienta que ahí hay algo que chirría. Aun así, esa sensación es momentánea y pasajera, por lo que no entorpece la lectura fluida de la historia (aunque sí se queda como una pequeña manchita en la narración, pero tampoco hagamos una montaña de un grano de arena). Tampoco se puede obviar el aspecto histórico y psicológico de la obra, muy presente en la manera de actuar de Yuki. En líneas generales debo decir que se trata de una historia bastante simpática, pero con un punto muy oscuro y retorcido debido al pasado de uno de sus protagonistas, Yuki, quién ofrece la cara menos amable de una época en la que la sociedad nipona se enfrentaba a uno de los cambios estructurales más radicales de su historia. Y Shôan tampoco se queda atrás con sus desgracias infantiles, aunque hay que reconocer que le fue mejor que al otro muchacho. Una etapa convulsa en la que la narración, muy fluida y dinámica, ayuda a adentrarse con mucha soltura en una época lejana pero muy seductora para el lector occidental atraído por la historia y cultura de Japón.

Nieve sobre los pinos

En cuanto a los personajes, hacía mucho tiempo que no leía una historia en la que los protagonistas son tan distintos y, a la vez, tan semejantes. Por un lado tenemos a Shôan, un médico que en un primer momento da la impresión de ser un interesado y un sacacuartos (por el tema de buscar cadáveres ajenos para hacer con ellos medicina y sacarles dinero a los pacientes que la necesitan). Sin embargo, cuanto más se conoce a este personaje más queda a la vista que en realidad es un buenazo de primera, una de esas personas que encuentras una entre un millón y que no debes perder en tu vida. Un hombre atento, dulce, que disfruta ayudando a quienes más lo necesitan, sea quien sea y sin pedirle nada que no pueda dar a cambio. Un hombre adulto, maduro, que ha experimentado el lado más oscuro y duro de la vida, que ha conocido el dolor de la pérdida y el abandono y que ahora está recibiendo la recompensa a su amabilidad y entrega a los demás (tanto por sus vecinos en la aldea como por Yuki, a quien salva la vida). Un señor muy sensible y entregado que da todo de sí en cualquiera de sus empresas (y sí, eso también va por sus encuentros sexuales con Yuki). Un lobo solitario que afronta la vida con energía y alegría y que de pronto se ve atrapado por las redes de un amor inesperado que le llega por sorpresa, que le cala hasta la médula y al que se niega a renunciar.

Nieve sobre los pinos

Por otro lado nos encontramos con Yuki, un ex yakuza que trata de huir de un pasado tóxico y doloroso que no deja de perseguirle. Un hombre abatido por el dolor de la pérdida, de la traición, de la soledad y el abandono. Un hombre que, del mismo modo, ha experimentado en carne propia los instintos más primarios y salvajes del ser humano y que ha sido utilizado como una herramienta hasta que sus servicios no fueron necesarios. Un hombre que, tratando de alcanzar la liberación que otorga la muerte, se vio atrapado por las cadenas del amor hacia un hombre que, sin poder brindarle grandes lujos, le ofrecía todo lo que Yuki anhelaba sin tan siquiera saberlo.

Como ya he dicho, resulta muy curioso cómo, en las numerosas diferencias entre ambos personajes (siendo la más llamativa el hecho de que uno se dedica a salvar vidas mientras el otro pasó un tiempo arrebatándolas), se encuentra un nexo de unión que les vuelve semejantes en aquellas cosas que más importan. Por ejemplo, el hecho de vivir (o querer hacerlo) como lobos solitarios y verse de pronto unidos en cuerpo y alma a otra persona, alguien que no les puede ofrecer lujos (como ya he dicho), pero sí una estabilidad emocional y sentimental más que necesaria para ambos (especialmente para Yuki). Además, a pesar de su talante apocado y un tanto distante, Yuki también muestra un lado servicial y afectuoso muy mono con el que se muestra dispuesto a hacer cualquier cosa por una buena persona (aunque eso implique mancharse las manos con sangre ajena). Pero no cabe duda de que es cuando están juntos cuando muestran lo mejor de sí mismos, cuando son mejores personas y, especialmente, cuando son capaces de distinguir la luz al final del túnel traducida en esa estabilidad y calma que solo te da la presencia, comprensión y cariño de un alma que te entiende y te sostiene en cada paso al frente que das. Dos personajes con una evolución pausada pero evidente que se hacen querer con cada capítulo que se avanza en la lectura.

Lógicamente, en esta obra también encontramos personajes secundarios de gran relevancia y peso argumental, siendo el más destacado Sakichi. Este es un yakuza ex novio de Yuki, aquel que conoce el pasado más tórrido y turbulento del joven y que más quebraderos de cabeza le va a dar a este y a Shôan. Un personaje bélico, arrogante y lleno de orgullo que dará vidilla a la trama amorosa entre los protagonistas y que también desquiciará sus nervios. Asimismo, están los miembros de la aldea en la que reside Shôan, quienes serán el punto de partida de tramas secundarias que pondrán a prueba tanto al médico como a su nuevo compañero sentimental, dando pie a giros de guión y a experiencias que irán afianzando su relación.

Nieve sobre los pinos

En lo que se refiere al dibujo, he de decir que Hidebu Takahashi me ha sorprendido gratamente. Como ya he dicho, mi primera impresión de Nieve sobre los pinos fue que la historia tenía un dibujo por lo general feo. Sin embargo, al leer esta obra con más detenimiento y en profundidad, he descubierto a una artistaza de los pies a la cabeza. Es verdad que a veces se le van un poquito de las manos las proporciones de los personajes, que las líneas curvas desfiguran lo que deberían ser las siluetas marcadas de dos hombres adultos o que sus expresiones faciales (en especial las de Shôan) resultan un tanto extrañas en algunas ocasiones. Pero luego te mete ilustraciones en las que muestra con detalle las venas o costillas de los personajes, por ejemplo, o su peculiar manera de dibujar los pezones. O se marca caras rudas, de ancianos desgastados por la enfermedad, llenos de gruesas líneas de expresión que perfilan caras angulosas trabajadas por el paso del tiempo. O te muestra ilustraciones que son fantasía, como las escenas bélicas en las que la sangre brota de cuerpos heridos al más puro estilo tarantiniano. En este apartado también quiero destacar la importancia y la fuerza de las miradas de los personajes, ejemplificadas en la dualidad de Yuki (llenas de significado cuando es Yuki y desafiantes cuando se muestra como Tatsuo, el ex yakuza). Un dibujo alucinante que queda un tanto desmerecido cuando te encuentras con una escena poco elaborada, pero qué se le va a hacer. Lo cierto es que la calidad del dibujo es un tanto inestable a lo largo de la obra, pero prefiero quedarme con lo positivo, así que ole por la capacidad expresiva de Takahashi-sensei.

Y ahora entro de lleno en uno de mis apartados favoritos, el de las escenas hot. Bien, Nieve sobre los pinos tiene revolcones para dar y regalar, principalmente porque sus dos protagonistas (sobre todo Yuki) se pasan la obra más calientes que el palo de un churrero. Les da lo mismo que sea de día, de noche, la hora de comer o del desayuno. Ellos le dan sin problemas cuando sea con tal de bajarse el calentón (y bien que hacen, ole por ellos). Aun así, y a pesar de la gran cantidad de escenas de índole sexual que hay a lo largo de los tres tomos, la verdad es que la obra está bastante censurada en lo que respecta a mostrar de manera íntegra los cuerpos masculinos. Una auténtica pena, ya que quienes leemos este tipo de obras queremos ver carne de vez en cuando, pero bueno. Lo que sí que me ha gustado muchísimo y que no puedo pasar por alto es la inclusión de esas versiones personales de olas que recuerdan a La ola de Kanagawa, obra del autor Katsushika Hokusai publicada en el período Edo. Una licencia clásica y reminiscente de esta época en la que se sitúa la historia que la autora ha tomado prestada para versionarla de una manera personal un tanto abstracta (pero a mi parecer indiscutiblemente reconocible) e incluirla con mucha maestría en su historia. Estas aparecen cuando los dos protagonistas están haciendo el amor y se intensifican cuando ambos muestran sus sentimientos más sinceros. Un detalle chulísimo que me ha encantado, de verdad que sí.

Nieve sobre los pinos

Como tengo ya por costumbre, le voy a dedicar un parrafito muy corto a la edición en castellano. Lo he dicho mil veces y aún me quedarán otras mil (o más) por repetirlo, pero es que me encanta cuando Milky Way Ediciones saca al mercado un manga porque eso es sinónimo de calidad y saber hacer. La editorial asturiana clava las ediciones que saca al mercado tanto por sus magníficas traducciones como por el acabado final de los tomos y eso es algo que se debe valorar mucho. Y Nieve sobre los pinos no es menos, ya que cuenta con la calidad que caracteriza a los títulos del catálogo de Milky Way Ediciones.

Resumiendo, que si aún no habéis leído Nieve sobre los pinos que sepáis que os estáis perdiendo una obra interesante y que se deja leer con facilidad de principio a fin. Es cierto que tanto la trama como el dibujo tienen altibajos, pero estos pueden pasarse perfectamente por alto porque la trama atrapa y engancha cosa mala de principio a fin, el dibujo de Hidebu Takahashi deja ilustraciones magníficas en algunos puntos de la historia, los protagonistas son amor y el final es de esos que se te quedan grabados a fuego en el corazón de lo tierno y bonito que es. Así que dadle una oportunidad, que no os arrepentiréis.


Lo mejor

  • Que es una historia cortita, de tan solo tres tomos.
  • Yuki es genial, muy directo, sin pelos en la lengua. Y sus poses de “dibújame como a una de tus chicas francesas” no tienen desperdicio.
  • Shôan en sí mismo. Lo fiel que le es a Yuki y las caras que pone en según qué momentos.
  • El final es precioso, muy emotivo, con ellos de viejecitos y cuidándose hasta el final. De los mejores finales que he leído en un boys love.

Lo peor

  • Los altibajos en el dibujo.
  • Los altibajos en la trama, metiendo en algunos momentos con calzador cambios entre slice of life, comedia y drama.
Nieve sobre los pinos

Ficha Técnica:

Título:  Nieve sobre los pinos
Título original: Yuki to Matsu
Autor/a: Hidebu Takahashi
Tipo: Yaoi
Género: Romance, drama, psicológico, histórico
Revista: Bloom
Editorial japonesa: Homesha
Editorial Española: Milky Way Ediciones
Año: 2017-2019 / 2020-2021
Número de tomos: 3