Donkey Kong II, considerada la secuela de Donkey Kong, vio la luz en 1983. Al igual que su antecesora, formó parte del modelo Multi Screen de Game & Watch, con sus pantallas superior e inferior. Como vimos la semana pasada, el primero fue un éxito en ventas y, además, introduciría un símbolo que se convertiría en un icono de los videojuegos: la cruceta.

Esta novedad se lanzaría en menos de un año desde la puesta a la venta del juego original y seguiría compartiendo con él el modelo de consola, la cruceta, el botón de salto y el nombre. Sin embargo, lo correcto hubiese sido llamarse Donkey Kong Jr. II. Pero ya se sabe, imitar lo máximo posible un producto de éxito tiende a ser más importante que la exactitud.

Donkey Kong II comparte más semejanzas con Donkey Kong Jr. que con Donkey Kong. En el juego que nos ocupa, el famoso gorila vuelve a estar atrapado y es su hijo quien se encarga de rescatarle. Éste tiene que trepar por diferentes lianas hasta alcanzar la llave que abre uno de los candados. Y así sucesivamente. Los enemigos, a las órdenes de Mario, son el obstáculo en la misión.

Así, vemos como su argumento es idéntico a Donkey Kong Jr., y también su jugabilidad. Con el que se considera su antecesor poco a nada tiene en común, puesto que ni siquiera tiene el mismo protagonista. En el primero, nos pondríamos en la piel del fontanero para rescatar a Pauline, su primer amor, de las garras del animal.

 

Sin perder la sonrisa

Donkey Kong II volvía a trasladarnos a la selva, con Mario como gran vencedor de un duelo anterior. En esta ocasión, prescindía de la jaula para encadenar al gorila de brazos y piernas. Se situaría en las alturas y, sin nada que hacer, sería su hijo el encargado de rescatarle.

Es necesario explicar que el chiquitín, con sus tres vidas, no perdía la sonrisa en ningún momento. Se veía capaz de liberar a su padre y, de hecho, lo haría. El problema llegaba al liberarle. Tras unos segundos de libertad, volvía a estar encadenado. El pequeño gorila repetiría los mismos pasos hasta volver a liberarle, y así sucesivamente.

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Tal vez esa sonrisa se debía a que realmente no era consciente de que tendría que repetir su hazaña hasta el infinito. Teniendo en cuenta que el siguiente juego original de la saga en ver la luz sería Donkey Kong Circus, la misión pudo considerarse un fracaso. En el nuevo juego, Donkey sería un esclavo del circo, también a manos de Mario. El fontanero habría optado por sacarle rentabilidad al secuestro…

Volviendo a la selva, ésta se disponía a lo largo de las dos pantallas. Junior tendría que avanzar con la cruceta hasta encontrar una liana a la que saltar y con la que subir al piso superior. Una vez repetido este paso, se encontraría con la llave a uno de los candados. Si la cogía y saltaba hacia uno de los enganches que mantenían preso a Donkey, podría liberarle de uno.

A diferencia de otros juegos de la consola con una mecánica similar, el protagonista no era trasladado automáticamente a la posición inicial para repetir el proceso. En Donkey Kong II, el mismo jugador era el encargado de hacer bajar al personaje, también a través de las lianas, hacia la parte inferior. En ella, debía pulsar una palanca, mediante la cual, la llave volvía a aparecer en el mismo lugar. De esta forma, podría subir de nuevo y así sucesivamente. Dado que no había un final, el objetivo pasaba por obtener la mayor puntuación. En el siguiente intento debíamos superarnos a nosotros mismos.

 

Pájaros, cocodrilos y electricidad

La sencillez era uno de los elementos característicos de Donkey Kong II. Sin embargo, si lo jugásemos en la actualidad lo encontraríamos sumamente incómodo. Sus movimientos robóticos y sus saltos limitados serían los responsables de que su protagonista se “enganchase” con gran frecuencia. Perder una vida por torpes duele, y aún más si se debe a no pulsar el botón en el preciso instante.

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A esta dificultad, intrínseca en algunos juegos de Game & Watch, hay que sumarle la presencia constante de enemigos. Éstos llegan en forma de pájaros, cocodrilos y bolas de electricidad, que se mueven de forma constante por el escenario. Mientras que los primeros se encargan de molestar en la parte cercana a Donkey, los segundos lo hacen en el lado inferior del escenario. La electricidad haría lo propio en los niveles centrales.

Un solo roce o caer sobre alguno de ellos equivalía a la pérdida de una vida. Con tres, no quedaría otro remedio que volver a empezar, perdiendo los puntos obtenidos. Todos ellos marcarían la diferencia entre el modo A y el B. Mientras que en el primero éstos desaparecían mientras que Junior bajaba hasta pulsar la palanca, en el segundo estaban siempre presentes. De esta forma, descender era ya un reto tan complicado como ascender.

Donkey Kong II no contó con el mismo éxito que su antecesora, pero podría decirse que a Nintendo no le fue mal. De ahí que hoy en día sea bastante frecuente ver esta Game & Watch en las tiendas de antigüedades a un precio inferior a los 100 euros. Nuevamente, encontramos con que no fue el mejor juego de la consola, ni de cerca, y que su éxito seguía perjudicando a Donkey.

Esta aventura formó parte del recopilatorio de Game & Watch: Gallery Advance 3, pero no contó con nueva versión. Dado que Donkey Kong Jr. ya tuvo una remasterización colorida y bien ejecutada, no habría tenido mucho sentido hacer lo propio con Donkey Kong II. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!