No siempre resulta sencillo saber a qué se quiere dedicar uno en la vida. ¿La mejor solución? Probar diferentes trabajos hasta encontrar el mejor, aquél que nos realice como persona (o en el que mejor se cobre). Por desgracia, en los tiempos que corren es una tarea imposible, y encontrar un único trabajo ya puede ser cuestión de años. Pero hay que alegrarse por nuestro querido Mario, que desde la década de los ochenta tiene un currículum más que amplio.

Ya le vimos en su faceta de cocinero o como trabajador en una fábrica de cemento. También comprobamos lo bien que se le daba ser árbitro en un partido de tenis o recetar pastillas en su faceta como doctor. La profesión de albañil quizás fue la que más le acercó a su verdadera pasión: la fontanería. Por el camino, tuvo una adolescencia rebelde, en la que probó a convertirse en villano con el pobre Donkey.

A este amplio abanico de oficios hay que sumarle su participación en la guerra como soldado. No sabemos si como obligación, como ciudadano dedicado al máximo a su país o como secuelas de esa mala adolescencia. Con total seguridad, Mario’s Bombs Away no fue el mejor juego de Game & Watch. Tampoco el más vendido ni el más recordado.

Sin embargo, para los fans del fontanero quizás es una reliquia que ansiarían tener entre sus manos. Ver a Mario vestido de verde igualando el estilo de su hermano, con un auténtico casco de soldado, en un escenario de bombas, es una experiencia que merece la pena ver, al menos, una vez en la vida (sí, un vídeo de Youtube es suficiente).

 

Los peores compañeros en una guerra

Mario’s Bombs Away se puso a la venta en 1983 para el modelo Panorama Screen de la consola. Éste contó con un catálogo compuesto por seis títulos: Snoopy, Popeye, Donkey Kong Jr., Donkey Kong Circus, Mickey Mouse y el juego que nos ocupa. El diseño de la consola no era excesivamente cómodo, ni tampoco era muy práctico su sistema de proyectar la imagen. Pero no se puede negar que era original. La pantalla se conformaba como un espejo y en ella quedaba reflejado el juego, que se emitía desde su pantalla superior ayudado de la luz.

Marios Bombs Away

Dada la simplicidad del juego, este modelo se adaptó bien a su jugabilidad. Sólo necesitábamos un botón de dirección para mover al protagonista y otro para subir y bajar la altura de la bomba transportada. En un fondo completamente negro, teníamos el escenario. Un soldado de nuestro bando en la parte izquierda, “a salvo” en su caseta. Cinco enemigos, situados entre los árboles, y con una mecha en sus manos. De los árboles caían ramas largas, que el enemigo utilizaría en su beneficio.

En la parte derecha, dos compañeros más. Uno que recogería las bombas transportadas para lanzarlas a la zona del rival y otro que se conformaría como el aliado más eficaz de la historia de los videojuegos. Estaba tumbado sobre un barril de aceite abierto, que llenaba toda la superficie de líquido. A esto hay que sumarle que no paraba de fumar un apetecible puro. Mario no sólo tendría que esquivar el fuego de los rivales, sino el de su fiel compañero, a causa de su vicio.

Ya hemos visto como nuestro querido protagonista vestía para la ocasión. Y debía de ser nuevo en el ejército, ya que le tocó la peor parte. Su trabajo era el mismo que aquel becario que transportaba maletas por el peligroso río, en Turtle Bridge, mientras sus compañeros estaban a salvo sin hacer bien su tarea.

¿Tanto les costaba coger a tiempo las bombas que el pobre Mario había transportado con sudor y lágrimas? Debía de ser algo superior a ellos puesto que, el encargado sólo cogía una cuando le apetecía, aunque no estuviera haciendo nada más… Y claro, el nuevo soldado perdía más vidas por culpa de su incompetencia que por ataques enemigos. ¡La de veces que una bomba empezaba a arder al esperarle!

 

Un juego mecánico, pero con sorpresa

El objetivo del juego era muy sencillo de entender y siempre respondía a una misma mecánica. El soldado de la izquierda entregaba una bomba a Mario. Éste debía transportarla hasta la parte derecha de la pantalla, evitando los peligros que llegaban por arriba (del fuego de los enemigos) y por abajo (del fuego provocado por el fumador). Así, además de moverse, tenía que decidir en qué posición transportar la bomba. Podía llevarla a la altura de la cintura cuando uno de los “malos” bajaba su mecha y subirla en el momento en que su compañero hubiese prendido fuego al suelo.

Marios Bombs Away game and watch

Una correcta coordinación de movimientos le haría llegar hasta la parte derecha sin incidentes. Cuando su compañero decidiese, cogería la bomba y la lanzaría a la parte superior de los árboles. Y vuelta a empezar. Cada bomba explotada supondría un trágico y doloroso final para Mario (y la pérdida de una vida). A cambio, cinco bombas transportadas hasta la parte superior de los árboles supondrían una auténtica explosión, nada habitual en Game & Watch. Una sorpresa que los jugadores recibirían con gran entusiasmo.

Todos los enemigos perdían su posición tras explotar. Otra vez habría que reunir cinco nuevas bombas y, ya de paso, inflar el marcador de puntos. Mario’s Bombs Away se conformaba como una apuesta en la que recurrir a los controles con cabeza, en la cual, la meditación volvía a ser más importante que la velocidad.

No aportó una jugabilidad novedosa ni una estética especialmente revolucionaria, pero ver a Mario en la que podría ser la Guerra de Vietnam no tiene precio. Bueno, quizás sí: 120 euros en eBay. Este título, al igual que muchos de sus compañeros de consola, estuvo disponible años después en Game Boy Advance, en el recopilatorio Game & Watch Gallery 4.

Sin embargo, no contó con una versión remasterizada, como es habitual en otros casos. ¿No tendría sentido hacer un remake con un nuevo Mario en el lugar del antiguo Mario y con las clásicas bombas de la saga? ¿O es que ya era demasiado violento para los nuevos tiempos? ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!