Nuevo retro-abuela consejo: “No hay que fiarse de nadie en este mundo”. De un día para otro, quienes parecen ser nuestros mejores amigos, aparecen riéndose de nuestras desgracias. Y no es que una se haya levantado pesimista, ya que, a cambio, diremos que hasta los peores enemigos acaban convirtiéndose, en ocasiones, en buenos amigos.

El mismo Mario podría demostrarlo muy bien. En 1991, descubrió como el pequeño Toad, con el que tantas aventuras compartiría, se reía en su cara cada vez que fallaba en su intento por hacer malabares. Ver aparecer a este personaje en Mario The Juggler no eran buenas noticias, ya que se acompañaba de la pérdida de una vida.

Ese mismo año, y en ese mismo lugar, comprobó como no todos eran tan malos como parecía (¡qué menos, acababa de perder su amistad con Toad!). Lakitu y los Hermanos Martillo eran los responsables de lanzarles los objetos y de golpearlos para que no cayesen al suelo. Y entre tanta bomba, también aparecían corazones y estrellas. No sabemos qué pasaría después para que este principio de amistad se acabase estropeando, pero tampoco debemos olvidar que el fontanero también ha cambiado de filosofía de vida en más de una ocasión, ¿verdad, Donkey?

 

Un homenaje a Ball, el primer juego de Game & Watch

Mario no dedicaba la tarde entera a hacer malabares sin ninguna razón. Era un homenaje a Ball, el primer título de Game & Watch. Aparecido once años atrás, su protagonista y su mecánica de juego serían recordadas para siempre en la historia de los videojuegos. Por norma general, los homenajes a estos clásicos llegaban con los cartuchos Game & Watch Gallery, con versiones protagonizadas por los personajes de Super Mario.

Mario The Juggler juego

En el caso de Mario The Juggler, el respeto y la admiración hacia el clásico llegaban en forma de otro clásico de Game & Watch. Este curioso título se puso a la venta en 1991, en una llamativa consola, de color amarillo. Su diseño ya sería un adelanto de lo que encontraríamos al ponerle las pilas: un juego muy colorido, lleno de vida.

El que cerraría la serie New Wide Screen, se puso a la venta en Japón, de forma exclusiva. Por suerte, las tiendas online de compra-venta han permitido que jugadores de todo el mundo puedan disfrutar de él. Mientras tanto, otros amantes de la consola hemos tenido que conformarnos con los muchos vídeos de Youtube. Dentro de lo malo, mejor eso que no nada (chúpate el pie, pesimismo).

Volvamos al juego. Mario The Juggler contó con las modalides A y B. En la primera, tendría que hacer malabares con tres objetos. En la B, lo haría con cuatro. El fontanero ocuparía buena parte de la pantalla, acompañado de Lakitu y el Hermano Martillo, que harían su aparición en el segundo modo en la izquierda y en la derecha, respectivamente. La parte inferior izquierda sería el espacio para el Toad traidor.

 

¿Y mis manos?

Al igual que ocurría en otros modelos de la consola, el escenario era en color. Las líneas que marcarían la jugabilidad ya serían de color negro. Los dos aliados de Mario eran un simple contorno, encargados de golpear los objetos que habían llegado más lejos de lo normal y que, de otro modo, se caerían al suelo. Por su parte, el protagonista tenía un contorno que aparecía y desaparecía. Sobre todo en las manos.

Mario The Juggler

Aunque los pies también se le moverían en función de su posición, las manos serían las principales afectadas de esta “revolucionaria” tecnología de movimiento. Para indicar el nuevo lugar que ocupaban, se dibujaba un nuevo contorno. Esto crearía unas poses muy artificiales, en las que Mario no siempre tendría las manos dónde correspondían. Aunque, con un poco de imaginación, podíamos dar forma a esos brazos cuyas manos desaparecían por momentos, para colocarse sobre su pecho.

Lo bueno (o lo malo) fue que ya no tendría esas siluetas predefinidas, sin las cuales no se entendería la Game & Watch. Aquéllas que se veían especialmente al girar la consola y que siempre servían como pista para saber en qué lugar exacto caerían o se moverían sus objetos y personajes.

En medio de un diseño tan peculiar, encontramos una jugabilidad más que sencilla. Bastaba con pulsar los botones de la derecha y de la izquierda para mover los manos de Mario, y por defecto los pies. Aguantar un buen número de minutos para obtener una buena puntuación ya no era tan sencillo. La velocidad a la que caían los objetos aumentaba y muchos se empeñaban en caer casi al mismo tiempo.

Mario The Juggler volvió a recurrir a la sencillez como principal aliada. Esa característica que hizo tan populares a las Game & Watch, demostrando que no se hacen necesarias las cosas complicadas para ser recordadas siempre. Y sí, éste no sería el juego perfecto. Tampoco sería un éxito en ventas, ni de cerca, pero pasaría a la historia por ser la última Game & Watch comercializada por Nintendo. Y por la manos fantasma y la aparición del Toad traidor. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!