Nuts and Milk

En mayor o menor medida, el mundo siempre ha sido el lugar de las etiquetas. Rico, pobre, bonito, feo, barato, caro. El mundo de los videojuegos tampoco se libra. Por norma general, tendemos a englobarlos dentro de otros de características similares, de forma que se introduzcan dentro de los géneros acción, shooter, plataformas, conducción, deportes, aventura, puzles, sandbox o multijugador. Es más, raro es el juego que se enmarca en uno de estos géneros de forma exclusiva.

Y ya puestos a utilizar etiquetas, sigamos con ellas. Juegos con o sin enemigos, con gráficos retro o realistas, largos o cortos, con o sin bonus, en primera o en tercera persona, fáciles o difíciles… Así, si Retromanía solo fuese cuestión de un par de líneas, diríamos que Nuts and Milk es un juego de plataformas con gráficos retro, dividido en niveles y protagonizado por una cursi bolita rosa. Y no. No estamos hablando de Kirby.

 

El tomate, el fruto del amor

Por suerte (y esperemos que no para desgracia de muchos), Retromanía dura unas cuantas líneas más. Es por ello que podemos profundizar en la historia de este videojuego. Todo se remonta al día en el que Milk se enamoró de Nuts. Y, por supuesto, Nuts de Milk. El aspecto físico de Milk pareció ser determinante para gustar a su querida. No podía ser de otra forma, ya que la única diferencia entre ambos era un lazo sobre la cabeza de la chica. Así, los idénticos enamorados de piernas regordetas y cuerpo rosado disfrutaban de sus días juntos, hasta que la calma se terminó.

Nuts and Milk juego

El barrio en el que habita Nuts se ha vuelto conflictivo y se ha llenado de enemigos. Como un auténtico caballero, su amado se encargará, de ahora en adelante, de limpiar la zona y de llegar a casa de su novia. Si llega sano y salvo, un corazón servirá para demostrar que su amor crece por momentos. Lo que no sabemos es si, tras cada misión, ambos pasarán al interior de la casa a “celebrarlo”…

Aunque, siendo sinceros, tampoco sabemos su verdadera historia de amor, pero siempre es bonito imaginarla, ya que Nuts and Milk carece de textos o explicaciones de por qué se ha llegado a esta situación. Nunca se sabe si las dos criaturas pertenecen a un programa de televisión y están fingiendo o si la chica intercambia amor por protección. Pero no seamos malpensados. Lo que sí que está claro es que se trató de un juego aparecido en Japón en 1983 de la mano de Hudson Soft, que llegó a plataformas como NES o Game Boy Advance y que no pudo disfrutarse en el resto del mundo hasta 20 años después. Por suerte, para los amantes del género la emoción seguía siendo la misma.

Compuesto por un total de 50 niveles, Nuts and Milk es un juego de puzles y plataformas en estado puro. El jugador controla a Milk, quien se mueve por escenarios estáticos con la misión de rescatar a Nuts. Tras recoger todas las frutas de un nivel (sobre todo tomates), la chica sale a la puerta de su casa. Si Milk llega hasta allí vivo, se habrá completado un nivel. Y, en este caso, el fruto del amor es la banana, pero también el tomate.

 

Cómo hacer ejercicio y no perder peso

El caso de Milk sí que es extraño. Invierte horas haciendo ejercicio y no consigue deshacerse de ningún kilo. Escaleras para arriba, para abajo, carreras por las tuberías, saltos para no caer al agua, escalada por muros de ladrillo. Y más escaleras. Al parecer, bajo su adorable aspecto se esconde una masa musculosa y en forma. Y es que el protagonista no parará a descansar, ni entre nivel y nivel. Como mucho, podrá relajarse con algunos escenarios-bonus. En ellos no tendrá que hacer frente a enemigos, pero sí que deberá rescatar a su amada y, ya de paso, engordar el marcador comiendo más frutos.

Nuts and Milk NES

¿Y cómo son los enemigos de Milk? Para “variar” un poco más, estos también tienen la misma apariencia de los protagonistas, aunque se caracterizan por su color azul verdoso. Algunos niveles solo cuentan con uno, pero en otros pueden llegar a hacer su aparición hasta tres. Teniendo en cuenta que el espacio es reducido, en ocasiones la propia supervivencia se vuelve demasiado complicada.

En el momento en que el jugador choque contra un enemigo, perderá una vida y, si ya no le quedan más, tendrá que volver al principio, un mal que no se le desea ni al peor enemigo. Para evitarlo, Milk puede moverse hacia los lados, saltar (a una distancia reducida) y trepar, lo que le permite recoger todos los frutos y llegar hasta Nuts. Cuando esto ocurre, a los enemigos les cambia la expresión y se suicidan lanzándose al río. Al parecer, ya no merece la pena seguir viviendo…

Además de bolas azules, de vez en cuando hacen su aparición luces voladoras, que también hieren al protagonista. Aunque Nuts and Milk no se caracterizó por ser un título especialmente difícil, muchos jugadores experimentaron la desesperación en su propia piel al ser atacados una y otra vez. Y es que, estamos ante un juego en el que los enemigos persiguen de verdad y solo una buena planificación del recorrido, a base de varios intentos, puede salvar a Milk.

Este reto tiene una jugabilidad muy sencilla, al igual que su colorida, pero muy simple estética. Como curiosidad, algunos niveles recurrían a las formas para no caer en la monotonía. Los elementos de algunos de ellos formaban el número de nivel, mientras que los ladrillos de otros creaban palabras, como es el caso del último nivel, en el que podía leerse un esperado ‘End’. Con todos sus detalles, Nuts and Milk se convirtió en un juego entretenido, adictivo y reconfortante, se jugase en los años ochenta, noventa o en el nuevo siglo. Porque las historias de amor siempre emocionan, digamos lo que digamos, y más entre criaturillas tan cursis que casi rozan el odio. Casi… ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!