Mappy Principal

Las relaciones entre gatos y ratones no acostumbran a ser muy pacíficas, sobre todo si a los gatos les da por robar obras de arte de un museo… Vale, reconocemos que no es muy común que esta situación se produzca en el reino animal, con la excepción de Mappy.

En Mappy, los gatos parecen contar con una enorme ventaja, principalmente por su gran tamaño frente a los minúsculos ratones y por su elevado número. Y es que, existen muchos felinos, pero solo un único ratón para pararles los pies. ¿Pero qué es Mappy?

 

Había una vez, un valiente ratón…

En un tiempo muy muy lejano (1983), Namco se lanzó a la aventura con un título muy fiel a su estilo de la época: sencillo, con protagonismo del color negro combinado con colores muy básicos y basado en la habilidad y en el sistema de puntos. Se trataba de Mappy, un juego que a pesar de ser mucho menos conocido que otros de su mismo sello, se quedó a vivir en el corazón de muchos jugadores (valga la cursilería).

Aunque su jugabilidad no era nada del otro mundo (pasaremos a recordarla unas líneas más abajo), su historia era muy prometedora. El pequeño Mappy es un ratón policía, cuya misión es adentrarse en casas donde se esconden obras de arte robadas, cajas fuertes, ordenadores, radios y teles. El problema llega cuando estas casas están custodiadas por los gatos ladrones, que se empeñan en perseguir al pequeñín dejándose la vida en ello. Y, por si no había suficiente fantasía, entran en juego las puertas multicolor con ondas expansivas y los trampolines que se rompen, provocando la trágica muerte del ratón.

Mappy 1

A lo largo de diferentes niveles, el protagonista tendrá que recuperar los cuadros y los objetos de valor de cada casa para acceder al siguiente. Como suele ocurrir en estos casos, la dificultad aumenta con cada nivel, así como las ansias de los enemigos. En el juego existen diferentes razas de gatos, entre los que destacan la pesadilla en persona: unos gatos rosas que persiguen al ratón y que, para colmo, corren mucho más deprisa que él.

Cada vez que el jugador es tocado por un gato pierde una vida (a excepción de cuando se encuentra en mitad de un salto), al igual que cuando un trampolín se rompe. Porque los trampolines se rompen con tanta acción y, en el momento en que se vuelven rojos, solo les queda un salto más para romperse. Estos se utilizan para acceder a los pisos más altos de la casa, e incluso al tejado, y son el complemento perfecto a las puertas. Existen clásicas puertas de madera y puertas multicolor. Al abrir las primeras, nuestro ratoncillo cuenta con un impulso especial, que deja inconscientes a los gatos a los que golpea. Al abrir las segundas, aparece una onda por arte de magia, que debilita también a los enemigos, ofreciendo un tiempo extra muy valioso. Pero no son lo único. Las campanas también juegan un papel importante a la hora de dejar paralizados a los malos.

Y es que, el objetivo no solo es pasar de nivel, sino conseguir una gran cantidad de puntos e ir superando puntuaciones pasadas. Lo bueno es que los puntos son gratis y se obtienen casi por cualquier cosa (saltar en los trampolines, acabar con los gatos, recoger los objetos valiosos…), teniendo en cuenta que se pueden llevar a cabo planes para multiplicarlos. Y eso sin contar con los niveles bonus que aparecen de vez en cuando y que ofrecen la posibilidad de aumentar el marcador. En ellos, pondremos a prueba la habilidad recogiendo globos en un tiempo limitado.

 

Un adictivo mundo retro

Ahora pasemos a su jugabilidad. Bajo una historia como ésta se esconde un juego de plataformas en el que es preciso tener una buena estrategia para decidir qué objetos rescatar primero y cómo huir de los enemigos. Con ello, no estamos ante una aventura de baja dificultad, pero tampoco ante una difícil que nos quite el sueño. No es para menos, ya que sus controles se caracterizan por ser extremadamente sencillos, puesto que tan solo hay que manejar al ratón y, en mitad de un salto en el trampolín, decidir a qué planta acceder. Para abrir las puertas, basta con pulsar únicamente un botón.

Mappy 2

Siguiendo el modelo de juego Namco, ofreció el modo para dos jugadores. Pero nada de hacerse ilusiones. Un jugador juega su nivel y, cuando muere, el segundo jugador continúa con su partida y así sucesivamente, hasta que uno de los dos se queda sin vidas o hasta que el juego termina.

¿Y qué hay de sus gráficos? Los protagonistas de Mappy tienen un estilo pixelado y en las casas de color uniforme no existe ni el más mínimo detalle, a excepción del suelo, las puertas y el tejado. Así, se echan en falta más detalles y colores que aporten más emoción y heterogeneidad a cada nivel (y no valen las excusas por tratarse de un juego con varios años). Mirándolo por el lado más optimista posible, esto implica que el jugador no se distraiga con el decorado y que campe a sus anchas por casas de fondo negro. Aunque en el cuadro robado se aprecian muchas semejanzas con la querida Gioconda. ¿Parecido o consecuencia de un juego tan pixelado?

Sea lo que sea, Mappy es digno de ser el protagonista de este Retromanía, ahora que hemos decidido retomar esta sección. Si sois fieles lectores de Tallon4, sabréis que en ella recordamos algunos de los juegos retro que han marcado a varias generaciones. Si no, ya os decimos que no os podéis perder ni un solo episodio, puesto que os despertará la nostalgia y os hará ir corriendo en busca de una antigua consola. ¡Hasta la próxima, talonianos!